Continuamos con nuestro cierre analizando la actuación uno a uno de los jugadores; en anteriores artículos: Gordon Hayward, Derrick Favors, Rudy Gobert, Dante Exum, Alec Burks, Trey Burke.
Hay jugadores que son referencias por sus habilidades como pasadores, como tiradores, o bien porque son los líderes de una franquicia, con su consumada capacidad para anotar en cualquier situación y ante cualquier rival. Todos los equipos necesitan a alguien que cumpla al menos unas cuantas de esas facetas, y hasta la irrupción de los Atlanta Hawks esta temporada el principal objetivo de cualquier general manager era dotar de un LeBron James, Dwayne Wade, James Harden o Kevin Durant a su escuadra, sabedor de que el único camino al éxito residía en tener una gran estrella y construir lo demás alrededor suyo. Pero no es menos cierto también que todos los conjuntos necesitan de otros hombres, que cumplan roles específicos y que si bien no ganan partidos por sí solos, son esenciales y contribuyen en determinadas facetas a cualquier equipo ganador. Estos gregarios del baloncesto suelen destacar sobretodo en ciudades con récords victoriosos, y por eso mismo precisamente Trevor Booker ha sido apreciado principalmente en la segunda parte de la temporada en Utah.
En realidad la antigua estrella de la Universidad de Clemson no había hecho nada muy diferente a lo que llevaba 4 años haciendo en la liga como miembro de los Washington Wizards, previo paso por Israel durante el lockout incluido. Lo que cambió a partir de febrero fue el discurso de los Jazz y con ello cómo interpretamos el papel de cada miembro del conjunto. Si cuando Utah parecía encaminado a otro año entre los peores de la NBA Booker parecía el típico veterano que viene a echar una mano un año y luego se marchará en busca de otro contrato, ahora que son un equipo en busca de los playoffs, Booker se muestra como hombre clave en la rotación interior desde el banquillo, aportando energía constantemente en el rebote y la defensa colectiva y dando descanso a la temible combinación Gobert-Favors por dentro. Nada diferente a su anterior rol con los Wizards y a lo que se preveía que pudiera aportar en el baloncesto profesional cuando dio el salto tras cuatro temporadas en el circuito colegial.
Con apenas 2,03m. de estatura, y con habilidades muy modestas de cara o espaldas al aro, su principal valor siempre ha residido en dar el 110% y superar todos los obstáculos que se pongan en su camino. Sin embargo el ala-pívot de Carolina del Sur se ha convertido en un favorito de la afición no solamente por su entrega en defensa y los tableros, sino también porque ha personificado durante su, de momento, única temporada en Salt Lake City al perfecto jugador de equipo, tanto dentro como fuera de la pista. Su defensa de los Jazz cuando el malogrado Enes Kanter se despachó a gusto con la ciudad, el equipo, la organización y el cuerpo técnico fue maravillosa, tanto después del rapapolvo que se llevaron los Thunder del Energy Solutions Arena como al final de la temporada cuando los de Oklahoma también se quedaron fuera de los playoffs.
Un hombre comprometido con la comunidad y con su equipo, demuestra tanto dentro como fuera de la cancha su valía, y los Jazz, que disponen de la opción de prolongar su contrato por un año más, deberían saberlo y apreciarlo. Booker ha expandido su juego con Quin Snyder como nuevo entrenador jefe, volviendo a recuperar parte de su habilidad universitaria como tirador de tres, aunque el originalmente drafteado por los Wolves nunca va a terminar siendo Paul Millsap. Pero nadie espera que lo sea. Los grandes partidos que se marcó con Favors fuera ante Blazers o Mavericks son solamente un ejemplo más de su compromiso y de su capacidad de dar un paso adelante siempre que se le necesite.
«Definitivamente quiero volver. Me encanta este sitio. Tengo grandes compañeros y veo grandes cosas para el equipo. Quiero ser parte de ello».
«Por supuesto que quiero volver. Tengo la noción de que quieren que vuelva, asi que siento que es mútuo. Pero, ya sabes, al final del día es siempre cuestión de negocios, asi que ya veremos».
Con 27 años Booker se quiere quedar en Utah, y aunque su nombre o su juego no son tan visibles como los de Tomic o Kaminsky, los aficionados de los Jazz deberían sentirse igualmente ilusionados con la más que posible permanencia del ex de los Wizards un año más. Su porcentaje en tiros libres sigue siendo malo, pero en el resto de facetas ha mejorado poco a poco en el nuevo esquema del entrenador Quin Snyder, y su 34,5% en triples esta temporada ha sido digno de mérito, aunque probablemente es algo en lo que jugador y equipo seguirán trabajando para hacerlo más consistente. Su actitud siempre ha sido la mejor, incluso cuando a principio de año sus minutos eran pocos y su papel era el de cuarto grande por detrás del frustrante Kanter. Su confianza siempre ha sido un factor clave, y cuando lesiones o acertados traspasos han resultado en mayor responsabilidad, Booker ha estado a la altura y ha apreciado la confianza otorgada recompensándola con resultados, como el ya mencionado partido contra Portland en el que se fue a los 36 puntos y 12 rebotes en 12/15 en tiros. Su +/- también ha progresado al ritmo que lo ha hecho Utah tras enero, y su despliegue físico en la retaguardia ha permitido a los Jazz triunfar con un nuevo espíritu basado en la defensa.
«Tuvimos una gran química. Definitivamente la química fue enorme, simplemente jugar con los chicos, la manera en que compitieron. Soy muy competitivo, asi que quiero salir ahí fuera con chicos que compiten. Y definitivamente compitieron y lo dieron todo en cada partido, y me encantaría volver a jugar con ellos».
Booker nunca será el agente libre de los sueños de nadie, pero es probablemente un signo de que las cosas marchan bien en Salt Lake City que sea parte un año más de la plantilla, puesto que alguien como él es indispensable para cualquier conjunto, pero solamente destacan en ámbitos ganadores, cuando lo importante es ganar y no acumular estadísticas.