Ahora que la temporada regular ha terminado y ya solamente quedan 8 equipos en liza en las eliminatorias por el título es momento de echar la vista atrás y hacer balance del curso 2014-15, en el que los Jazz han dado un gran paso de cara a un futuro esperanzador. A pesar de contar con una plantilla muy joven y un banquillo a priori muy debilitado, Quin Snyder, antiguo asistente de Mike Buldenhozer en Atlanta y en su año de debut como entrenador jefe, ha superado todas las expectativas, tanto en los resultados cosechados como sobretodo en la identidad creada en el vestuario del EnergySolutions Arena.
Tras sufrir a Tyrone Corbin los Jazz optaron el verano pasado por darle el mando del barco no sólo a un novato como máximo responsable en los banquillos, sino a todo un cuerpo técnico que no había trabajado nunca antes en conjunto y que sin embargo ha crecido a la vez que lo hacía el equipo. Y lo mejor es que esto apenas es el principio. A medida que pase el tiempo y ganen en familiaridad las expectativas no pueden hacer nada más que aumentar. Snyder y compañía han lidiado con un grupo joven al que además se añadían cada dos por tres otros nombres procedentes de la D-League que sin embargo han sido piezas importantes en la recta final de la temporada y son un crédito al trabajo de Snyder y sus asistentes.
«Ha habido una oportunidad para crecer. Estamos tratando de implementar un sistema. Ha sido trabajo para estos chicos. Les he pedido mucho. He exigido mucho de ellos. Creo que la experiencia nos ayudará».
El que fuera jugador de Duke y asistente en el CSKA de Moscú terminó octavo en la votación del premio al Entrenador del Año de la NBA, sumando un muy meritorio segundo voto (en una temporada dominada por el binomio Kerr-Buldenhozer) y cuatro terceros. El público y la prensa han reconocido y apreciado el trabajo realizado en apenas 12 meses en Salt Lake City, y por supuesto tampoco ha pasado de largo en la capital del estado mormón, donde tienen depositada una gran confianza en el natural de Washington, como admitía el general manager de la franquicia, Dennis Lindsey:
«(Snyder) Es muy especial. Él y sus asistentes son muy especiales en el desarrollo de los jugadores y creo que todos lo hemos visto. No es acerca de mí, ni de Quin, ni de Gordon (Hayward), ni de Derrick (Favors). Es sobre el colectivo, y el grupo va en la dirección apropiada. Y por supuesto que aprecio el duro trabajo realizado por los entrenadores. Aprecio la mentalidad que han tenido».
Su papel a la hora de transformar a los Jazz del típico equipo desangelado que se limita a tratar de meter más puntos que el rival a un conjunto que tiene una identidad clara y sabe que si pelea hasta el final tiene opciones de ganar a cualquiera no ha pasado desapercibido para nadie, como reconocía su jugador franquicia, Gordon Hayward en su web:
«Al final del año estábamos jugando extremadamente bien como colectivo, e íbamos a la mayoría de partidos con la expectativa de que los íbamos a ganar. Es diferente con respecto a mis años anteriores aquí. Incluso con partidos que eran difíciles, entendíamos que si jugábamos nuestro mejor baloncesto nos daríamos una oportunidad de vencer».
Hayward reconocía que al ser jóvenes iban a tener problemas a la hora de atacar, y sobre todo a la hora de reducir errores y mantener la consistencia frente al aro rival, pero admitía que la remozada defensa de los Jazz en la segunda mitad del curso les mantendría vivos en todos los enfrentamientos, y eso es obra en gran parte de Quin Snyder y sus ayudantes.
«Creo que defensivamente tenemos una motivación renovada y (Snyder) realmente puso en liza un sistema que una vez empezamos a ejecutar fuimos bastante buenos con él».
Y lo que más sobresale es que el cambio comenzó a pesar de quedar la plantilla muy tocada sobre el papel con la lesión de Alec Burks y la salida de Enes Kanter (el banquillo formado por Exum, Elijah Millsap, Trevor Booker y cualquier otro dleaguer no asustaría ni a los reservas de Clippers). Mientras que el primero era una pieza fundamental en el exterior el segundo tenía secuestrado al equipo con su deficiente actitud y su mediocre progreso como stretch forward o protector del aro. Sin recibir a otro jugador en ese cambio y también con el supuesto relevo de Burks lesionado (Rodney Hood), Snyder consiguió convertir a Utah en una de las retaguardias más temidas de la NBA, con una combinación de Gobert y Favors sellando la pintura y un ritmo más lento que mantuviera la anotación controlada, evitando exigir al puñado de jugadores de la D-League que completaban la plantilla milagros en ataque.
Cuando cualquier otra franquicia se hubiera venido abajo y hubiera dado vía libre a todos jugadores tratando de ver qué podían hacer de cara a la temporada siguiente, Snyder y los Jazz emprendieron una espectacular parte final del año que les vio derrotar a rivales de calibre y también forjar una identidad ganadora que será ya imprescindible en el futuro que empieza ya mismo.
«Es prácticamente una atmósfera diferente. Quin estaba siempre detrás nuestro en los entrenos y en los partidos… Finalizamos la temporada muy fuertes y tenemos mucha confianza de cara a la que viene», decía Derrick Favors.
Los jugadores y el entrenador han conectado, y la maquinaria empezó a funcionar muy bien engrasada tras el All-Star, dejando muy abiertas las posibilidades de Utah de convertirse en candidato a los playoffs en un futuro no muy lejano. Snyder no tuvo miedo a sentar al base de segundo año Trey Burke a pesar de que su reemplazo, el jovencísimo rookie australiano Dante Exum, fuera muchas veces un fantasma en ataque. Lo importante es el grupo, y la presencia del novato atrás combinada con la posibilidad del de Michigan de cambiar el ritmo del partido desde el banco motivó al entrenador a hacer el cambio. Tampoco tuvo problemas probando a Joe Ingles de escolta sabiendo que iba a pelear todos los balones y que siempre lo daría todo en defensa le tocara quien le tocara enfrente. Y por supuesto no se cortó al darle el mando al sophomore Rudy Gobert en la pintura.
Es realmente alentador pensar que con una temporada más juntos, tanto cuerpo técnico como estos jugadores, los resultados pueden ser solamente mejores. El futuro es esperanzador para Snyder y los Jazz, y ahora coach Quin tendrá una nueva oportunidad de seguir puliendo la plantilla a su gusto, con una cantidad ingente de elecciones en los drafts próximos y un conjunto construido de manera muy inteligente financieramente. El que todo apuntaba que iba a ser el primer refuerzo del verano, Ante Tomic, parece que se va a quedar en España, y eso hace aún más importante la búsqueda de un pívot suplente detrás de Gobert. También tendrán que dar un paso más en el desarrollo de Exum ya que en Utah creen que es el base del futuro.
Lo que sí es cierto es que en el EnergySolutions Arena no tienen simplemente a los jugadores capaces de formar un equipo ganador próximamente, sino también un entrenador jefe y un cuerpo técnico totalmente conectados a ellos.