Utah Jazz son lo que son, un equipo mediocre

A tres partidos del octavo, los Playoffs corren peligro
Fuente: Redsarmy (CC)

Parecía que Utah Jazz sería candidato a los Playoffs este año tras un final de temporada pasada apoteósico; donde el equipo del entrenador Quin Snyder ahogó a sus oponentes al ritmo marcado por la mejor defensa de la liga y una de las mejores de la era reciente. Una «débil» Conferencia Oeste detrás de Warriors, Spurs, Thunder y Clippers solo lo hacía más probable, y la bajada a los infiernos de Pelicans y Rockets parecía que sería suficiente para hacer el sueño realidad en Salt Lake City. Sin embargo, llegando la primavera los Jazz son novenos y están a tres partidos de los Playoffs y el desenlace al término del camino no parece muy halagüeño.

Si el objetivo cuando comenzó el curso era acceder a las eliminatorias por el título, los Jazz (29-35) están al borde del fracaso. Si, por otro lado, somos más honestos con el equipo, Utah está rindiendo al nivel acorde a sus posibilidades. Fuera de los cuatro gigantes del Oeste y de unos Grizzlies (38-26) que hicieron sus deberes antes de la lesión de Marc Gasol, las otras tres plazas parecían asequibles para un grupo grande de escuadras, aunque Nuggets (26-38) y Kings (25-38) ya no sean opciones realistas. ¿Por qué entonces son los Jazz los que se quedan fuera? Básicamente, porque son el peor de los candidatos, o siendo más coherentes, los menos buenos.

Los Blazers (34-31), sorprendentes sextos, tienen a una megaestrella como Damian Lillard que es lo más parecido en el planeta Tierra a Steph Curry. Si además le añadimos el desarrollo de C.J. McCollum y un grupo de veteranos y jóvenes dispuestos a darlo todo por el equipo, no es tan escandaloso verlos ahora donde están en la clasificación. El entrenador, Terry Stotts, merece que se le tenga en cuenta para el premio a Mejor Entrenador del Año. Los Mavericks (33-32) se están desinflando, pero con Rick Carlisle en el banquillo y Dirk Nowitzki rejuvenecido, Dallas está siendo capaz de mantenerse en la lucha. La escuadra texana está repleta de jugadores curtidos aquí y allá, experimentados, inteligentes y, sobre todo, capaces de tirar. Con el sistema ofensivo de uno de los mejores técnicos de la NBA sus hombres siempre encuentran un tiro solo, por mucho que luego en defensa no puedan mantener el nivel – sin embargo, lideran la liga con menos pérdidas, lo que reduce los contraataques rivales -. Los Rockets (32-32) son la risa del baloncesto americano, pero tienen a James Harden, que es una superestrella, y muchas veces a base de simple talento son capaces de ganar a cualquiera. Si defendieran o cortasen como lo hace Portland ocuparían el lugar que tuvieron en 2015, donde llegaron a las Finales de la Conferencia Oeste.

Utah, por otro lado, estaba destinado a ocupar el sitio que los Blazers han logrado este año, como historia feliz de la NBA y sólido conjunto de Playoffs. Los Jazz no son peores que los Blazers, pero no tienen a Lillard y tampoco su banquillo y, a diferencia de los de Oregon, tampoco pueden maquillar su falta de tiro inundando de movimiento el lado débil. Derrick Favors y Rudy Gobert son mejores que cualquiera de los grandes de la escuadra de Stotts, pero ninguno tira y solo el primero puede generarse medianamente sus tiros – el porcentaje en tiros en suspensión de Favors es del 37,4%, lo que dice mucho sobre cómo influye en el espacio del ataque de los Jazz -. La adición de Trey Lyles podría paliar en el futuro esta situación por su habilidad como stretch forward, pero el ex de Kentucky es todavía un novato y le falta agresividad para asumir más responsabilidad. Gordon Hayward y Rodney Hood lo están haciendo muy bien, especialmente el segundo como creador de juego en el pick n’ roll, y precisamente Utah se resiente en ataque más cuando el escolta de segundo año está en el banquillo – una diferencia de +5.7 en rating ofensivo cuando está en pista, la mayor de la escuadra -. Sin embargo, están muy solos y no tienen tiradores alrededor para hacerles la vida más sencilla.

Las lesiones no han ayudado de ninguna manera, con Alec Burks perdiéndose por segunda temporada seguida gran parte del curso y Favors y Gobert ausentes también de manera prolongada. La baja del australiano Dante Exum desde antes del inicio de campaña no afecta de por sí, pero ya hablamos de cómo la misma ponía en stand-by el plan de los Jazz para encontrar una solución definitiva en el puesto de base. El ex de Hawks, Shelvin Mack, es un parche barato, por mucho que el entrenador Quin Snyder le conociese de su época en Atlanta. Mack podría tirar mejor, pero aún así no va a ser suficiente por sí solo como para que Utah dé el salto que necesita para meterse en los Playoffs.

Si los Mavericks siguen poco a poco retrocediendo y los Jazz consiguen enderezar en parte el rumbo todavía es posible cumplir con el objetivo, pero la plantilla del equipo de Salt Lake City sigue teniendo muchos defectos y muchas preguntas que plantearse. El banquillo es un erial y Trey Burke ha alargado lo suficiente su estancia en Utah. Trevor Booker parece que bloquea el camino a Lyles y Raul Neto parecía más útil cuando jugaba de titular.

A largo plazo los Jazz siguen teniendo que confiar en el desarrollo de sus jugadores jóvenes, el número amplio de rondas de Draft disponibles en el futuro y, además, en el regreso de Burks y Exum; pero a día de hoy son un equipo con defectos que debe seguir con el plan y no volverse loco con ser el número ocho del Oeste y servir de carnaza a los Warriors en primera ronda de los Playoffs.

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Comentarios (1)
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  • Gusmia

    yo no los descartó aún, tres partidos no es mucho y son un equipo serio. Si resuelven el problema que tienen en el puesto de base pueden subir un escalón importante. Están bien entrenados y tienen buenos jugadores, Burks parece que regresará pronto….