José Juan Barea se ha convertido en el bote salvavidas de los Mavericks. Ese jugador al que aferrarse cuando tu navío parece irse a la deriva sin margen de maniobra. El base ha irrumpido sorprendentemente cuando su equipo más lo necesitaba, como ya hizo en las añoradas Finales de 2011 ante los Heat. En esta ocasión su actuación no ha sido tan memorable como la de entonces, pero tal vez sí haya sido más necesaria y urgente.
Los Dallas Mavericks arrancaron la pasada semana con un balance de 35-38, ocupando la novena posición del Oeste y sin dos de sus mejores jugadores de la temporada, ya que a la baja de Chandler Parsons se unió la de Deron Williams. El panorama era desolador. Tales eran las circunstancias que Rick Carlisle revolucionó el quinteto inicial en el partido del lunes ante Denver dando entrada en él a Justin Anderson y Dwight Powell. Lo cierto es que los dos jóvenes dieron la talla, pero el más destacado fue Barea, quien logró desde el banquillo 18 puntos y 11 asistencias.
Dos días más tarde, el base superó este registro anotador, llegando a alcanzar los 26 puntos ante los New York Knicks. Los Mavericks conseguían su segunda victoria seguida y empezaban a levantar cabeza, pero una lesión más volvía a trastocar los planes de Carlisle. Raymond Felton se perdía el choque ante los Pistons en Detroit y los Mavs contaban con sólo cuatro jugadores exteriores disponibles. Ante una nueva circunstancia desfavorable, el encargado de dar un paso hacia adelante y echarse el equipo a la espalda fue otra vez J.J. Barea. Saliendo de titular, el boricua firmó 29 puntos con un 56% de acierto para darle un triunfo más a su equipo.
Finalmente, en el partido de ayer ante los Timberwolves Barea terminó por redondear una de sus mejores semanas. A pesar de estar más desacertado de cara al aro, volvió a ser el máximo anotador de Dallas al sumar 21 puntos. De esta manera, José Juan ha promediado 23,5 puntos y 6,75 asistencias en estos últimos siete días, siendo el máximo anotador y asistente de su equipo en estos cuatro partidos. Su actuación ha tenido un fuerte calado en los resultados de los Mavericks, ya que los de Dallas han revertido su situación con un récord de 39-38 que les ha permitido alcanzar la séptima posición.
El puertoriqueño de 31 años ha catalogado esta semana como «la mejor de la historia», ya que a su sensacional rendimiento se añadió el pasado jueves el nacimiento de su hija, Paulina Barea Ortiz. Con una estatura cercana al 1,80 metros Barea aseguraba que:
«uno tiene que encontrar una manera de ser el mejor en algo cada año. Ya sea leyendo el juego o en otras facetas. Pero estoy acostumbrado a penetrar frente a hombres grandes.»
Penetrando, anotando triples o asistiendo, lo cierto es que los Mavericks necesitarán al mejor Barea para lograr sellar su presencia en los Playoffs.