A pesar de sólo anotar seis puntos en la victoria sobre los Clippers en el partido número tres de su serie de primera ronda de Playoffs, Mason Plumlee, en su primera temporada con los Trail Blazers, fue el gran héroe de la noche. Con 21 rebotes y 9 asistencias, el ex de Nets se unió a Shaquille O’Neal, Tim Duncan y Kevin Garnett como los únicos hombres capaces de tal gesta en un partido de playoff. Para muchos extraños la explosión de Plumlee puede ser bastante sorprendente, pero para otros, es simplemente la evolución de un jugador que está creciendo con el aumento de confianza y responsabilidades.
«Estuvo en todos sitios. Sólo anotó seis puntos y jugó un partido increíble. Estábamos justo hablando de eso, anotar seis puntos y ser una de las grandes razones por las que ganamos es un logro muy especial«.
Así definía su compañero Gerald Henderson la actuación de Plumlee. No sólo logró por fin superar a su rival en los Clippers, DeAndre Jordan, sino que además volvió a ser el complemento ideal para Damian Lillard y C.J. McCollum en ataque. Sus nueve asistencias no son simplemente un número genial para un pívot, sino que también son la confirmación de lo que venía apuntando en temporada regular.
Tras un primer partido en el que Plumlee fue barrido del mapa y apenas estuvo en pista 19 minutos, el natural de Indiana sumó 17, 10 y 7, aunque los Blazers volvieron a caer derrotados de manera abultada en el Staples Center. Sin embargo en el tercer enfrentamiento, el pívot de Portland, coincidiendo con el renacer tanto de Lillard y McCollum, consiguió desnivelar la balanza en favor de su equipo en ambos lados de la pista. Plumlee nunca va a ser un protector del aro natural en la NBA, y tampoco tiene la movilidad como para poder jugar de cuatro y defender el perímetro – tampoco tiene el tiro como para hacerlo en ataque -, algo que hizo que el entrenador Terry Stotts se viera obligado a mandar al banquillo a Meyers Leonard tras su lesión a principios de temporada, por ejemplo. Lo que sí tiene Plumlee es rapidez, inteligencia y es un buen defensor de equipo, lo suficiente como para no perjudicar a los Blazers y estar siempre bien colocado – en el esquema de Stotts resguardado en la pintura hasta en los pick n’ rolls -. Si a esto puede sumarle esa capacidad reboteadora desplegada ante uno de los mejores conjuntos en ese aspecto en la liga, Plumlee de repente se convierte en un plus en defensa, y los Blazers tienen una preocupación menos a corto y también a largo plazo.
En ataque el ex de Duke no había mostrado señales de ser un pasador talentoso en su periplo en Brooklyn, pero es ahí donde la confianza de Stotts y el cambio de papel ha supuesto una transformación en el juego de Plumlee. Si en los Nets su papel principal era continuación tras bloqueo y esperar cerca del aro para rebotear, en Portland el sistema spread de los Blazers ha hecho que tenga que aparecer mucho más en el poste alto, desde el que puede aprovechar las trampas de los rivales sobre Lillard y McCollum y actuar sobre el 4vs3 generado. Es algo que Plumlee ya ha venido realizando durante todo el curso, aumentando su porcentaje de asistencias de un pírrico 6,9% a un notable 16,1% en tan solo un año en la costa Noroeste.
Lógicamente Plumlee está muy lejos de ser Draymond Green, el alero de los Warriors, pero sí que es capaz de, al menos, contribuir al juego ofensivo de los Blazers de manera parecida. Con Lillard y McCollum como únicos playmakers y ante la ausencia de tiro exterior fiable en el resto de la plantilla, la capacidad pasadora del pívot de Portland es la mejor manera que van a tener de tratar de superar a los Clippers. Tampoco es Bill Walton, todavía, pero sí que puede ser el que desbloquee un ataque que es fácil de contener si se ralentiza a Lillard y McCollum, que no es nada fácil, por otra parte.