En Texas ha habido una constante durante este inicio de la temporada: nunca han sido superiores a sus rivales. Poniendo la lupa en cada uno de los partidos que han disputado los Mavs hay un dato demasiado grande como para no hacerle caso. El equipo de Rick Carlisle no ha sumado una diferencia de puntos medianamente importante a su favor en lo que va de campaña.
Fue en el último partido —la quinta derrota ante los Portland Trail-Blazers— cuando los Dallas Mavericks consiguieron su mejor ventaja en este año y fue un mísero +7 con el 35-28 que duró muy pocos minutos. En el resto de partidos o bien sumaban uno o dos puntos o ni siquiera se ponían por delante.
Obviamente, los Mavs siempre van a remolque en el electrónico y esto imposibilita que sean ellos los que lleven el ritmo de juego; algo necesario cuando tienes un equipo veterano que debe ir a su velocidad. Aunque, por otro lado, también es cierto que el equipo de Rick Carlisle tampoco ha sufrido unas desventajas muy grandes, estando casi siempre dentro de los partidos y compitiendo ante los rivales.
No hay victoria (literalmente además, de momento) ni derrota sencilla para los Dallas Mavericks. Y tener la enfermería llena no ayuda para poder revertir esta situación.