ANÁLISIS | La vuelta al infierno de Dante

El australiano no consigue salir del calvario de lesiones

Salt Lake City suena a Jazz. Es cierto que se trata de un género sin mucha tradición precisamente en el estado de Utah, pero el buen hacer de su franquicia NBA, por segundo año consecutivo, envuelve cada esquina de la ciudad. Quin Snyder ha conseguido que los Jazz sean un equipo con mayúsculas, donde la solidaridad es un factor primordial y donde los nombres propios importan menos que el colectivo.  Pero hay uno, un nombre concreto, que durante demasiado tiempo ha tenido que aguantar el olor del azufre de su propio inframundo: se trata de Dante Exum.

Los Jazz empiezan de cero

Pero empecemos por el principio, por el año 2013. Tras perder en el verano a Al Jefferson, Paul Millsap y Mo Williams (los tres líderes del equipo junto a un joven Gordon Hayward), los Jazz caían a lo más bajo de la Conferencia Oeste, pasando de 43 victorias en el año anterior a sólo 25. El modo reconstrucción estaba en marcha y se empezaban a sentar las bases del futuro. Gobert ya se había unido al propio Hayward, Favors o nombres como Trey Burke, Enes Kanter o Alecs Burks. El draft tenía una gran importancia a la vez que el hype por la camada que lideraban Wiggins o Jabari Parker se disparaba.

Exum, por su parte, contaba con las dudas por parte de muchas franquicias debido a que no ser un producto NCAA ni tampoco había competido a un nivel de alta exigencia como la Euroliga. Sus cualidades las había demostrado en la liga australiana y en categorías inferiores de su selección nacional, dejando exhibiciones ante U.S.A o España. Sus brazos largos para su posición y potente primer paso hipnotizaron a los Jazz, que dejaron escapar a Smart, Randle o LaVine por él. Todo un número 5 de un draft muy esperado.

En el Nike Hoop Summit de 2013, sus 16 puntos y 3 rebotes fueron vitales para la victoria del resto del mundo sobre U.S.A.

Mientras que, en el Mundobasket sub´19, eliminó a España con 33 puntos.

Y decepcionó. Jugando la mitad de los partidos de titular y disfrutando de más de 22 minutos en cada partido, se quedó en 4,8 puntos;1,6 rebotes y 2,4 asistencias, combinadas con 1,4 pérdidas que dejaron un ratio para levantar dudas sobre si podía llegar a ser base en una competición como la NBA. Aliñado con una carta de tiro que dejaba a deber, especialmente de tres.

Cóctel amargo para muchos pero que en Utah no importaba tanto. La franquicia pensaba en él a largo plazo, era su primera temporada en Estados Unidos, había dejado destellos de clase y su físico seguía teniendo un potencial enorme. Estaba destinado a ser la sexta marcha del proyecto.

Caída al abismo

Esperanzas que saltaron por los aires al sonido de unos ligamentos rotos. Era verano, momento de goce y disfrute para muchos; se encontraba en pleno amistoso con su selección y los ligamentos de su rodilla izquierda se rompieron y amenazaron con quebrar también su progresión. Era su primera visita al infierno y dejó mucho dolor, tanto por la lesión en sí como por todo lo que supuso.

Año en blanco, sin Summer League del año siguiente y sin JJ.OO. Demasiado castigo para un chico tan joven que todavía se estaba formando en el jugador que podía llegar a ser. Mientras, el motor de Utah no gripó y crecía sin necesitar a su sexta marcha. El juego de los de Snyder maduraba y conseguían la novena plaza en el Oeste (40 – 42). Ya estaban tocando a la puerta.

Siendo sophomore en su tercer año, Dante Exum volvía a jugar. Empezando bastantes partidos desde el banquillo pero jugando casi 20 minutos por choque. A pesar de jugar de promedio un poco menos que siendo rookie, mejoró sus cifras en puntos (6,2) y rebotes (2) y estuvo cerca en asistencias (1,7). Eso sí, en triples seguía dejando que desear con un 29,5% de acierto, metiendo menos de uno por partido.

Temporada parecida a su primera, con el premio de una quinta plaza que dio acceso a la postemporada… y mismo final. De nuevo un amistoso, esta vez con los colores de los Jazz, TJ Warren cayó sobre él en una bandeja y, de nuevo, los ligamentos se rompieron y se convirtieron en la segunda cabeza de su Cerbero particular. Esta vez el hombro le hizo volver al averno.

Los Jazz seguían sorprendiendo y lo hacían, con el australiano vestido de calle. Llegar a los últimos 14 partidos fue un éxito, ya que cabía que el año entero fuera de blanco. Y aunque no jugó ningún partido de titular, había vencido a Caronte y había emprendido el camino de vuelta por el río Aquerón. Dante empieza a salir de su infierno.

De vuelta a las canchas

Porque Exum ha vuelto a jugar al máximo nivel. Lo sigue haciendo en los Jazz, la franquicia que pese a su historial decidió seguir confiando en él y ofrecerle un contrato por valor de 33 millones en 3 años.

Suplente de Ricky Rubio, promedia entre esta temporada y el final de la pasada, 7.6 puntos; 1.8 rebotes y casi 3 asistencias por noche, aunque sigue con sus problemas al triple (menos de un 30% y metiendo sólo 0.5 por partido) jugando algo menos de 17 minutos. Puede parecer escaso para lo que en su día imaginamos, pero estaba demostrando una mayor solidez en su juego.

De hecho, ya ha dejado pinceladas como las 13 asistencias repartidas (y una sola pérdida) ante los Knicks en su único partido como titular este año o los 20 puntos en 21 minutos en la derrota ante un candidato a las Finales como los Sixers.

Además, aunque juegue menos ha ganado en importancia ya que desde que volvió a sentirse jugador ha aumentado su porcentaje de uso de balón, superando el 20%. 

Otra vez desde el principio

Y sí, hablamos en pasado porque Dante Exum ha vuelto a romperse. Cerbero ha desatado su tercera cabeza y ha devuelto al base Jazz a la oscuridad. De nuevo la rodilla, esta vez la derecha. Un desgarro del tendón rotuliano y una baja que se prevé larga…y no volver a jugar hasta la temporada que viene.

Acababa de recuperarse de una lesión más pequeña pero que también le había hecho perderse un buen puñado de encuentros. Cuando todo parecía quedar atrás, cuando tocaba volver a disfrutar. El infierno vuelve a por él para cobrarse su deuda. Alguna que todos desconocemos, pero que debe ser enorme para infringir tanta crueldad.

«Lo más importante… es estar seguro de que lo estás haciendo bien»

Dante Exum tras recuperarse de una lesión de tobillo. Sólo siete días antes de lesionarse la rodilla de gravedad.

Dante Alighieri nos ilustró su visión del infierno, pero sólo lo visitó en sueños. Y nunca nos dijo como salir… y no volver. Hoy, otro Dante lo sufre en sus propias carnes.

Aquello que un día fue ilusión se ha convertido en travesía por el desierto. El deporte que amaba en castigo. Y las esperanzas puestas en él en incertidumbre y desconfianza.

Si miramos sus números, en temporada regular ha disputado un total de 204 partidos desde que debutó, en la hoy lejana 2014/2015, mientras que al acabar esta temporada se habrá perdido… 206 encuentros. Ha jugado el equivalente a dos temporadas y media y ha sufrido tres lesiones muy graves. Demasiado dolor, demasiado fácil tirar la toalla. Las dudas acechan, muchos auguran que no es jugador para la NBA y su sitio está en Europa o, directamente, fuera de las canchas.

El otro lado del espejo

Porque si echamos la vista atrás, no nos resulta difícil encontrar otros ejemplos en jugadores como Brandon Roy o Greg Oden. Roy tuvo que retirarse a los 27 años con tres All Star, dos veces en los mejores quintetos y una durísima lucha contra sus propias rodillas. Oden, por su parte fue número 1 del draft de Durant y apenas pudo superar los 100 partidos en su carrera. Después de un último intento con los Heat de LeBron tras pasar tres temporadas en blanco puso fin a su carrera a los 26 años de edad. Y como ellos una gran cantidad de promesas que acaban en juguetes rotos.

Pero no todos se hunden. Al invocar el caso de Dante Exum, es difícil no rememorar el de Shaun Livingston. Ambos son bases y con una anatomía especial para su demarcación: altos y de gran envergadura. Ambos empezaron con grandes esperanzas puestas en ellos y en su potencial. Y ambos sufrieron en sus huesos (y ligamentos) la cara B del deporte. En el caso del hoy campeón de la NBA con los históricos Warriors sufrió una lesión, igualmente en una caída, más impactante todavía. Su recuperación fue durísima pero también es un jugador más cerebral y con mayor IQ para compensar lo que sus piernas ya no le dan igual que antes. Ése debe ser el camino a seguir por el australiano. No puede haber mejor espejo.

Sólo cuenta con 23 años, pero ya es todo un veterano en sobrevivir, en volver más fuerte tras cada golpe, por duro que sea. Porque si hay algo más difícil que estar en el infierno es no saber en qué círculo te encuentras porque no sabes cuál es el pecado cometido. Dante Exum no ha descubierto el infierno, se dado de bruces con él. Y ahora toca un nuevo truco de escapismo para volver a su verdadero lugar.