Crédito merecido para Terry Stotts

El entrenador es clave en el éxito de Portland

Wikimedia (CC)
Wikimedia (CC)

A pesar de ganar tan solo tres de los últimos diez partidos los Trail Blazers (36-35) todavía están situados cómodamente en la sexta posición del Oeste a falta de 11 partidos para terminar la temporada regular. Nadie en su sano juicio, excepto tal vez Damian Lillard, tenía en mente que Portland se fuera a meter en los Playoffs este año tras perder a un All-Star y tres titulares más en verano. La realidad es que los de Oregon están superando todas las expectativas gracias al juego de sus dos exteriores estrellas sobretodo, pero tampoco hay que subestimar el papel del entrenador jefe, Terry Stotts, que ha demostrado que es el candidato ideal para capitanear por largo tiempo el barco de los Blazers.

Cuando LaMarcus Aldridge decidió irse a San Antonio y el general manager de los Blazers, Neil Olshey, decidió apretar el botón de ‘reconstrucción’ traspasando a Nicolas Batum a Charlotte y dejando ir a Wesley Matthews, Robin López y Arron Afflalo, la narrativa acerca del equipo era muy poco halagüeña. No sólo nadie los veía capaz de pelear por los ocho primeros puestos, la mayor parte de prensa y fans los imaginaba abocados a uno de los últimos puestos de la Conferencia Oeste junto con Timberwolves y Lakers. Con los Jazz sufriendo multitud de lesiones y los Pelicans en crisis profunda, Portland ha sido la gran historia de la NBA esta temporada, y a pesar de que mucha parte del crédito queda reservado para Lillard, la súper estrella del equipo, el entrenador Stotts merece su parte por la habilidad mostrada para sacar de los jugadores de los Blazers mucho más de lo que nadie había sacado de ellos antes y cumplir con la frase del mítico entrenador Jack Ramsay que cuelga del despacho de Stotts:

«Equipos que juegan juntos vencen a aquellos con jugadores superiores que juegan más como individuos«.

Ramsay fue el arquitecto de los Blazers campeones de la NBA en el 77, un conjunto que, aunque contaba con grandes individualidades como Bill Walton o Maurice Lucas, era mucho mejor como equipo que la suma de sus partes. Ahora Stotts está tratando de seguir su ejemplo en Portland, y de momento ha conseguido transicionar un sistema basado en isolations para Aldridge a un ataque relámpago alrededor de Lillard y C.J. McCollum que es sexto en la liga en rating ofensivo con 109.32 (puntos cada 100 posesiones). Este gran trabajo que está realizando Stotts le ha incluido en muchas de las conversaciones para Entrenador del Año, y en febrero ganó el premio a Entrenador del Mes en el Oeste, su tercer galardón en Portland y récord de la franquicia empatado con Nate McMillan. ESPN le nombró hace menos de un mes entrenador del segundo semestre en la NBA, y su antiguo jefe en Dallas, Rick Carlisle, dijo que Stotts estaba en cabeza de la pugna por Entrenador del Año también.

Se dice mucho acerca de cómo el papel de los entrenadores en el baloncesto moderno es bastante más irrelevante de lo que parece, pero en el caso de los Blazers esa afirmación sería errónea. Stotts ha conseguido que hasta el último miembro de la plantilla se involucre en el sistema, y su estilo siempre ha sido el de adaptarse a sus jugadores y congeniar con las respectivas personalidades del grupo. Cuando Aldridge estaba en el equipo tenía la libertad para tirar de media distancia, donde se sentía mucho más cómodo, y ahora que Lillard es el buque insignia, tiene luz verde para navegar el pick n’ roll y tirar desde muy, muy lejos. Probablemente Stotts no sea nunca conocido por su creatividad como entrenador en el apartado táctico, pero su sistema motion que abre el campo está siendo todo un éxito, y jugadores como Gerald Henderson, Al-Farouq Aminu o Maurice Harkless se han convertido en, al menos, dignos triplistas por primera vez en su carrera.

Otra de sus aportaciones ha sido la decisión de Stotts de tener siempre a uno de sus dos exteriores estrella en pista. McCollum es, además de escolta titular, el base de la segunda unidad, algo que ha conseguido mantener al banquillo de Blazers en gran estado de forma en comparación a años anteriores donde era un erial. También tuvo la capacidad de mandar a Meyers Leonard al banco y combinarle con un Ed Davis que ha sacrificado sus números reboteadores para hacerle la vida más fácil a su compañero interior en defensa. Además, el sistema meritocrático impuesto ha hecho que hombres como Henderson o Harkless se hayan ganado un papel mayor cada vez más a pesar de que empezaran la campaña con la etiqueta de calientabanquillos.

No siempre fue así para el ex entrenador de Hawks y Bucks, pero él mismo reconoce que es mejor comunicador ahora, y tal vez aprendiendo de Carlisle en Mavericks, es capaz de conectar con el último jugador de la escuadra al mismo nivel que con el primero. Esa diferencia podría ser abismal si tenemos en cuenta que fuera de Lillard y McCollum los Blazers no cuentan con mucho a simple vista. El año pasado, Mo Williams, que le tuvo en Milwaukee antes de ir a Portland dijo algo al respecto:

«Es madurez. Eso llega con la experiencia. Una vez que consigues la oportunidad una y otra vez, quieres mejorar. Con él fue siemplemente crecimiento. Y lo ves. Lo ves en la madurez. Lo ves en la manera en la que afronta las cosas, la manera en la que lleva los entrenamientos. Es un signo de que está cómodo donde está«.

Tal vez sin Aldridge, cuyo paso por Portland está comenzando a ser visto de otra manera diferente, Stotts se encuentre aún más cómodo por la mayor libertad y facilidad para transmitir sus enseñanzas y comunicar su filosofía a jugadores con ganas de crecer y demostrar que son mejores de lo que la gente piensa.

Es verdad que en defensa los Blazers todavía están lejos de lograr un buen nivel, pero son respetables teniendo en cuenta algunas piezas con las que cuenta la plantilla de los de Oregon. El año pasado Portland tuvo la novena mejor defensa de la NBA con un rating de 104.30, y lo hizo a pesar de perder a Matthews durante el cuarto final de curso. Los jugadores son todavía muy jóvenes y no hay que tener prisa.

Si bien no podemos olvidar el papel de Lillard y en menor medida McCollum en el éxito de los Blazers, no sería honesto obviar el rol del entrenador Stotts, que tras verse privado de una gran parte de su anterior conjunto ha sido capaz de adaptarse a lo que tiene y hacerlo mejor de lo que nadie pudiera pensar antes de empezar la temporada. Es pronto para analizar el impacto a largo plazo que tendrá en jugadores como Allen Crabbe, Mason Plumlee o Noah Vonleh pero, a diferencia de otros entrenadores en la NBA, Stotts está siendo capaz de funcionar en los ecosistemas más complicados y Portland está dando pasos agigantados en su acelerado proceso de reconstrucción en buena parte gracias a él.