Enes Kanter, feliz en Oklahoma City, quiere renovar

El turco por fin ha encontrado su lugar

Fuente: Sheldon Mitchell (CC)
Fuente: Sheldon Mitchell (CC)

Hoy es un día en los que al recordar lo sucedido anoche se te viene el mundo encima. La derrota de ayer ha sido clave, las opciones de playoffs  de los Thunder han pasado por momentos mejores. En Oklahoma todos están fastidiados en mayor o menos medida. Desde un pletórico Russell Westbrook, que mostró un poderío incontrolable, hasta el cuestionado entrenador que puede que haga las maletas de una vez. Aún así, dentro de un vestuario existen mucho tipo de motivaciones particulares que hacen del grupo un conjunto fuerte y unido. Cada jugador lucha por sus metas, sus propios objetivos por los que lleva luchando toda su carrera.

Este es el caso de una de las últimas incorporaciones de la franquicia, Enes Kanter, un chico joven que ha tenido que anteponer muchas veces sus deseos en favor de un éxito asegurado. Cuando apenas tenía 16 años, este chico comenzaba a dar muestras de su talento en Europa. El Fenerbahçe turco, equipo para el que jugaba, le llegó a ofrecer un contrato de 6 millones de dólares a cambio de su continuación. Por supuesto, el jugador rechazó el ofrecimiento debido a su padre, un famoso estudioso de la genética y catedrático turco. Desde bien joven, la educación del chico había estado por delante de todo. A pesar de ello, la calidad del chico era innegable y poco a poco fueron llegando los éxitos deportivos. Debido a la misma preocupación de su padre por la educación de Kanter, decidieron irse a Estados Unidos, ya que era más fácil compatibilizar el deporte de alto nivel con los estudios superiores. Su equipo, no se lo tomó demasiado bien según explica su padre.

«Le pidieron que cambiase de opinión. Trataron de asustarlo para que abandonase su idea. Le enseñaron estudios de chicos que fracasaron en Estados Unidos por una mala formación. Aún así, mi chico estaba decidido.»

Así, con todo en su contra salvo la calidad que atesoraba, el joven turco y su familia tomaron rumbo a la tierra prometida. Al llegar al país de las oportunidades, no todo fue tan bonito como parecía. Varios equipos lo rechazaron debido a que lo trataban como un profesional. Su paso por el Fenerbahçe no le hacía bien ninguno a su imagen. Le echaban en cara que había cobrado más de cien mil euros con el conjunto turco, además sus condiciones intimidaban a muchos jugadores. Finalmente logró instalarse en Stoneridge Prep en Simi Valley, California. En su antiguo equipo se daban cita al rededor de 11.000 personas cada noche que jugaban en casa. En Stoneridge ni siquiera tenían su propio gimnasio, tenían que entrenar en un centro público.

Esa temporada promedió 30 puntos por partido, su túnel particular parecía tener luz al fin y al cabo. Tras su etapa en la NCAA, llegaba el momento de dar el salto a la NBA. Viajó a Clevland, Minnesota y Utah para realizar los entrenamientos con sus posibles electores a la hora del draft. Salió espantado de Utah, no quería estar a la sombra de Jefferson y Millsap. No quería pasar otro año inactivo.

Finalmente acabó en los Jazz y estuvo amargado un par de temporadas. Aún con la marcha de los jugadores que le hacían tapón, no estaba cómodo en la franquicia de Utah.

«No tenemos contacto en absoluto con ellos. Todavía siento que estuve perdiendo el tiempo allí. No podía jugar lo suficiente, eran esquemas absurdos

Tras su odisea particular, por fin llegó a Oklahoma. Allí se le valoró desde el minuto uno. Las relaciones iniciales con los directivos de los Thunder fueron geniales desde un primer momento. Según cuenta el jugador se han mostrado cordiales en todo momento, lo valoran. Kanter, por su cuenta se siente además de valorado, útil. Para el turco, estar en el equipo de Oklahoma City ha sido toda una lotería. Hacía años que no se sentía tan cómodo en un equipo, además, tiene ganas de demostrar al fin lo que vale. Veremos si acaba renovando con los Thunder. Ante la pregunta, ha contestado con un «Espero que sí».