El vuelo del fénix verde

Los Celtics suman una gran racha de victorias
Foto: Skip Perham (CC)

Es de justicia. Hace ya un mes me sentaba delante del ordenador después de una serie de partidos lamentables de los Celtics para despotricar (que a todos nos gusta de vez en cuando). En aquel artículo decía que Boston había tocado fondo, quizá malacostumbrado por un final espléndido en la última temporada regular y un comienzo esperanzador en el presente curso. Ahí me encontraba yo, cual adolescente al que le acaban de romper el corazón, poniendo a parir al mundo entero de forma cobarde porque, seamos honestos, no creo que ningún jugador de los Celtics sea un lector habitual de mis artículos.

Tras aquella nefasta serie de derrotas esperpénticas en partidos como el de Lakers en el TD Garden o el de Memphis, el conjunto dirigido por Brad Stevens no ha parado de crecer, y aquel equipo que rondaba, e incluso se quedaba fuera, la zona de Playoffs es a día de hoy tercero en la Conferencia Este, aunque algunos intenten denostar todo hablando de flojos rivales. Celos. El récord de los Celtics en el parón del All-Star Weekend es de 32-23, y las sensaciones, salvo algún pequeño desliz, son más que positivas.

Reconozco que llevo tiempo buscando el momento para escribir estas líneas en respuesta a mi artículo de Enero, pero cuando me planteaba lo que quería decir, los Celtics decidían que no era el momento para ello, y se dejaban remontar de forma ridícula en Orlando o caían tras remontar casi 20 puntos de diferencia en Milwaukee. El pasado miércoles, justo después del partido ante los Bucks, Boston recibía a los Clippers en un encuentro de lo más especial, y reconozco que inesperadamente para mí, los verdes me dejaron escribir lo que están leyendo. Todos nos poníamos nostálgicos al oír ese «6’7″, from Kansas, number 34, Paul Pierce» de nuevo en el TD Garden, aunque ‘The Truth’ vistiese la camiseta del rival; algo a lo que no nos acostumbraremos. También estaba de vuelta Doc Rivers, al que ya no muchos recordamos de la misma porque estamos ocupados en venerar a Brad Stevens. Más allá de retornos, el choque entre Celtics y Clippers fue un intercambio de golpes más propio de una película de Rocky. Los angelinos, sin Blake Griffin, empezaron cual Ivan Drago asestando duros golpes de manos de Chris Paul y J.J. Redick, pero Boston aguantó con entereza los primeros asaltos e Isaiah Thomas sacó a relucir su izquierda para que al final, el a priori más débil se llevase la victoria en la prórroga. El resultado del combate favoreció al que enfrente de las estrellas de los Clippers sacó a relucir eso que todo aficionado a los verdes conoce: los Celtics no se rinden.

Otro capítulo que seguro que recordamos mucho tiempo, fue el partido en Cleveland. Los Celtics se enfrentaban a unos Cavaliers dirigidos por LeBron James… perdón, por Tyronn Lue (en que estaría pensando). La rivalidad, pese al nivel tan descompasado entre ambas plantillas, es más que latente tras lo vivido en la pasada temporada en los Playoffs. Hombros fuera de su sitio natural y puñetazos que resultan en lesiones en la rodilla aparte, los Cavs endosaron un esperado 4-0 a Boston, pero los Celtics ya no quieren oír hablar de eso. Cleveland empezó con fuerza, demostrando el porqué domina la conferencia, pero fieles de nuevo a la ética de nunca bajar los brazos, los Celtics se metieron en el partido, y a base de los bemoles (por no decir otra cosa) de Marcus Smart, se encontraron con la oportunidad de tumbar sobre la bocina a los vigentes campeones del Este; algo que Avery Bradley no pudo desaprovechar.

Cuestiones técnicas aparte (que para eso ya tenemos a nuestro querido Andrés), Boston ha recuperado en este mes aquello que yo les reprochaba: la actitud. Mucho ha cambiado desde el principio de enero, y la mayoría para bien. Una tormenta de nieve en la costa este de los Estados Unidos provocó que el bueno de Marcus Smart sacase tiempo para mejorar su tiro, y ahora además de un pitbull defensivo, está promediando dobles dígitos de anotación en las últimas fechas; nuestro pequeño gigante Isaiah Thomas fue elegido para el All-Star Game, confirmando así el temporadón que se está marcando; Avery Bradley sigue firme con sus porcentajes de tiro y aporta más de 20 puntos en muchos encuentros, etc. Todas estas pequeñas noticias se han traducido en un unos Celtics con los que nadie se quiere cruzar, aunque también tiene algo de culpa que David Lee solo salga a la pista para calentar.

Ahora llegamos a un momento clave de toda temporada: la última semana de traspasos. Más allá de especulaciones sobre lo que podría venir y lo que quizás se marche, el enorme número de activos a disposición de Danny Ainge hace esperar que las oficinas de los Celtics parezcan un rincón de Wall Street en plena ebullición financiera. El General Manager va a moverse, pero visto lo visto, también tiene que apostar por una continuidad que no eche por tierra todo lo que ha conseguido Brad Stevens con este roster por el que nadie daba un duro. La próxima semana promete ser de infarto para cualquier aficionado NBA, que pasará más tiempo mirando su Twitter que haciendo caso a sus respectivas parejas.

Lo que no es especulación, es que los Boston Celtics han dado un paso, o dos, hacia delante, pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo. Ni hace un mes estábamos a un paso de pensar en el tanking, ni ahora estamos contando los días para levantar el trofeo Larry O’Brien ante la estupefacta cara de un Stephen Curry que no se explica lo que ha ocurrido. Ahora toca que los Celtics se tomen un merecido pero corto descanso durante el All-Star, y también rezar para que el señor Danny Ainge baje por la chimenea y deje en el TD Garden un gran regalo para todos los verdes. Desde el Despacho de Auerbach pondremos leche y galletas en nuestras casas para ver si cuela.

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