El triunfo de la paciencia

Una franquicia construida desde el buen hacer

 

spurs champions

Hace unos días, mientras miles de aficionados de la NBA en todas las partes del mundo aguardábamos ansiosos el comienzo de las Finales de la NBA, saltó a la fama un slogan en una valla publicitaria de la ciudad de San Antonio que rezaba «Built vs Bought, NBA Finals» (Construido vs Comprado). Más allá de la polémica que aquel mensaje pudiese generar, lo cierto es que puede ser un buen resumen de lo que han sido los Spurs desde hace ya casi 2 décadas.

Y es que en una liga de colosos gigantescos, sumas de dineros desorbitadas en salarios de jugadores y miles de focos, a veces es difícil no olvidar que no todos los equipos cuentan con las mismas posibilidades debido a una cuestión un tanto ajena a su control: los mercados. Y es que es evidente que si un jugador, a la hora de decidir su futuro, ha de elegir entre un equipo de gran mercado y otro de pequeño, difícilmente se decantará por este segundo. Porque, siendo claros, no es igual de atractivo fichar por un conjunto de New York, ciudad cosmopolita donde las haya, que por un equipo que resida en un foco menos luminoso (digamos, a modo de ejemplo, Milwaukee).

Es por eso que cuando hablamos de los procesos de reconstrucción de una franquicia no podemos tratarlas a todas igual. No tienen la misma capacidad de atracción de agentes libres en Orlando que la que puedan tener los Lakers, y es por eso que las franquicias históricas de la NBA rara vez se ven abocadas a realizar la ardua tarea de confección de una plantilla desde el Draft, sumando y desarrollando paulatinamente activos a su equipo con la esperanza de que un día ese trabajo de sus frutos y puedan luchar por cotas importantes. Y ese es, precisamente, uno de los motivos que hace que el título recientemente conquistado por los Spurs adquiera más valor.

San Antonio no es un equipo que a nivel de mercado pueda competir con otras potencias de la liga, y desde El Álamo son conscientes de ello. Y es por eso que, inteligentemente, a lo largo de los años han ido construyendo un equipo a base de piezas complementarias que han acabado adquiriendo un gran nivel (véase Kawhi Leonard o Danny Green) alrededor de un Big Three conformado desde el Draft. La franquicia tejana encarna perfectamente los que podrían ser los valores básicos de la NBA a la hora de establecer este sistema de selección de jugadores universitarios: construir desde un bloque de jugadores seleccionados a través del mismo una dinastía imperecedera, y ello en buena medida al trabajo realizado desde los despachos y, por supuesto, por Gregg Popovich.

Desde la llegada de Tim Duncan con el número 1 del Draft de 1997, los Spurs han tenido un registro ganador y con más de 50 victorias en todas y cada una de sus temporadas [salvando la excepción del lockout de 1999], por lo que no han tenido elecciones tempranas en el sorteo: Kawhi Leonard y Austin Daye comparten el honor de la elección más alta del equipo con un decimoquinto puesto, mientras que Tony Parker fue elegido en la 28º posición , Danny Green en la 46º y Manu Ginobili en la 57º. Y de jugadores que en principio no debían haber estado destinados a hacer cosas importantes en la mejor liga del mundo han sacado dos futuros Hall of Famers como Parker y Manudona, y un seguro para su futuro en Danny.

Todo esto, cimentado en una base clara: el nosotros es más importante que el yo. Los de Popovich son un conjunto alejado del glamour de otros equipos de la liga, pero su baloncesto es el de mayor calidad estética en muchos años, gracias a una confianza ciega en el compañero de equipo y en un principio fundamental, muchas veces olvidado, de este deporte: el tiro más fácil de anotar es el tiro abierto. Y San Antonio construye su ataque, que ha destrozado en las Finales a una de las mejores defensas del campeonato como son los Heat, gracias a esa mentalidad: circulaciones del balón coordinadas y rápidas, donde cada jugador está en constante movimiento, donde el balón nunca se para ni suelen verse isolations (jugadas de uno contra uno), y que suelen acabar con canastas fáciles. Y haciendo todas estas pequeñas cosas, tan evidentes en la práctica pero tan difíciles de ejecutar y más al grado de perfección que han alcanzado los Spurs, acaban aplastando a sus constrarios.

«No se si somos una dinastía, y ni siquiera se que significa eso. Además, tampoco es que me importe. Miro al futuro, no al pasado» – Manu Ginobili

Quizá el jugador que mejor pueda representar la evolución de la franquicia pueda ser Kawhi Leonard, nombrado MVP de las Finales, siendo el segundo más joven de la historia en lograrlo tras Magic Johnson. El alero californiano llegó a la NBA desde San Diego State bajo el título de buen jugador, pero que no sería una estrella en la liga. A día de hoy, con mucho recorrido por delante, y gracias a una ética de trabajo bestial, no solo se ha ganado el respeto de la liga y el aprecio de un Popovich que, cuando llegó a la franquicia tras ser traspasado en la noche del Draft por George Hill, inicialmente no vio con demasiado entusiasmo su llegada, sino que ha superado las expectativas que se tenían puestas sobre él:

«Ha rebasado nuestras previsiones, nadie en el equipo esperaba algo así.»– R.C.Buford, GM Spurs.

Y todo esto sin llamar la atención, al estilo San Antonio. Y es que si en algo se han convertido en la franquicia afincada en Texas en especialistas es convertir en oro casi todo lo que tocan. No es de extrañar que, pese a que a comienzos de siglo fueran un equipo poco admirado en la liga, gracias a un estilo de juego más tosco basado en la defensa, ejemplificado por un Bruce Bowen tachado, como poco, de jugador duro, en la actualidad sean uno de los conjuntos más seguidos por los fans del baloncesto NBA. Y es que cada vez que saltan a la cancha, podemos disfrutar de una lección de baloncesto durante 48 minutos.

Tendrá que llegar el día en que Tim Duncan diga adiós a su carrera deportiva, pese a que durante años parezca haber encontrado la formula definitiva contra las leyes de la naturaleza y el paso del tiempo y siga dando lecciones a jugadores que, cuando TD comenzaba a dominar las zonas, admiraban tras el televisor de sus domicilios el estilo del mejor cuatro de la historia. Llegará el día que Popovich ponga fin a una época legendaria en los banquillos, siendo uno de los mejores técnicos de la historia. Y por supuesto tendrá que llegar el día en que los Spurs queden por debajo de las cincuenta victorias en la temporada regular y progresivamente pongan fin a una de las etapas más gloriosas de la historia de este deporte. Pero esos días aún parecen lejos, y cuando lleguen, desde San Antonio sabrán que hacer.

«A los Spurs tendrían que darles 15 pequeños MVPs. En ese equipo todos son importantes, no hay jugadores intrascendentes. Habría que premiar su unión.»– Metta World Peace.

Es lo que llevan haciendo desde hace años, y su éxito les respalda. Una reconstrucción constante dotando de un progresivo protagonismo a sus futuros pilares en descanso de los que llevan ya tantos años aguantando, de buena gana, el peso de una franquicia ganadora. Un modelo perfecto, en el que cada actuación tiene un porqué y cuyos resultados la avalan. Un triunfo de la paciencia en un mundo malacostumbrado a las prisas.