Brad Stevens tuvo su Navidad en Julio

Está encantado con la llegada de Horford

Fuente: Bradjward (CC)
Fuente: Bradjward (CC)

¿Pueden oírlo? Sí, todavía quedan tres meses, pero ya se acerca. Los anuncios incitando a nuestro consumismo, los villancicos, el discurso del Rey, las discusiones de política y fútbol durante la cena… Christmas is coming, pero no todo es malo. La Navidad es sin duda una época especial. Cuando eres niño, comienzas a enumerar los 399 juguetes que vas a pedir, mientras que ahora cuando eres (o eso dices) adulto, te conformas con esos necesarios días de vacaciones para escapar de tu trabajo y/o centro de estudio, pero todo esto se invierte cuando eres entrenador NBA y tu momento para pedir regalos llega con el calor.

El comienzo de la temporada NBA se aproxima, y los «niños» buenos ya han obtenido su recompensa. Steve Kerr se ha llevado el juguete más caro con un Kevin Durant que todos pidieron; a Popovich le ha tocado algo más económico y antiguo, pero siempre funcional y con muchas horas de diversión con Pau Gasol; Tyronn Lue está feliz porque puede seguir jugando con LeBron; Dwane Casey se encontró al mismísimo Santa Claus recién caído de la chimenea (echaba de menos los chistes de Sullinger, perdón), Phil Jackson abrió la puerta y se encontró una gran caja con una pegatina de FRÁGIL que provenía de Chicago, y por supuesto, Brad Stevens también vio algo debajo del arbolito.

El técnico de los Celtics logró convencer a papá Danny Ainge para que le consiguiese lo que podemos catalogar como la PlayStation 5 con el nuevo 2K, pero todas las existencias fueron en dirección a Oakland. La decepción fue grande, pero cuando el bueno de Stevens ya se empezaba a hacer a la idea de en qué cajón iba a guardar los calcetines, ocurrió el milagro navideño. El entrenador nacido en Indiana abrió con cuidado el paquete: «No será por alguna casualidad…¡¡¡BIEEEEEN!!!», gritaba Stevens mientras se abalanzaba a los brazos de un Ainge con una media sonrisa henchida de orgullo. No era Kevin Durant, pero ahora tenía en sus manos a un Al Horford nuevito con el que poder jugar.

Los Boston Celtics consiguieron al que seguramente era el segundo mejor agente libre del mercado veraniego; algo que no les suele ocurrir muy a menudo a los de Massachusetts. Desde que el pívot dominicano anunciara su decisión de firmar por la franquicia del trébol, las miradas hacia Brad Stevens y Danny Ainge han comenzado a ser diferentes. Ya no son aquella pobre familia en la que el padre le regalaba trozos de madera a su hijo para que tallara sus propios juguetes, por muy bonitos que acabara haciéndolos. Ya se acerca el momento de empezar a probar todas sus nuevas piezas en el training camp, y las posibilidades con Horford en la lista son cuanto menos esperanzadoras.

Por lo pronto, con el fichaje del ex de los Hawks los Celtics pegan un gran salto cualitativo, y teniendo en cuenta que el año pasado se acabó quinto de la Conferencia Este (empatados con el tercero), es normal que el optimismo sea palpable entre los aficionados. Stevens nunca se ha caracterizado por contribuir a ese estado de euforia siendo más bien precavido en sus declaraciones, pero no ha podido ocultar su alegría con la llegada de Horford en la emisora ‘98.5 The Sports Hub’:

«Estoy emocionado con él por múltiples razones. Es un gran jugador, muy eficiente en ataque pasando y anotando y sin tener demasiadas pérdidas. Defensivamente puede jugar en un par de posiciones diferentes y entiende muy bien los conceptos de equipo«.

«Lo que realmente nos alegra es que ha sido un ganador durante toda su carrera. En sus  nueve años en la NBA ha disputado PlayOffs en todos ellos. Vino del equipo de Florida que gano dos campeonatos nacionales (NCAA). Tiene oportunidad de ser un ejemplo aquí«.

No se me ocurren muchas formas de resumir lo que aporta Horford a los Celtics que la primera cita de Stevens. Aquí ya hemos discutido largo y tendido de sus virtudes, e incluso hemos debatido acerca de quién será su compañero de juego en el quinteto titular, pero nada mejor que leer lo que tiene que decir el entrenador para seguir fomentando nuestras ganas de ver al dominicano en el Garden en poco más de un mes. Horford es el más nuevo y más lujoso juguete que le han regalado a Stevens desde que se fuera a vivir a casa de papá Ainge, pero también hay que hablar de esos trozos de madera por tallar, y ahí destacan los llamados Marcus Smart y Jaylen Brown. Por expectativas y posición de Draft, lo lógico es pensar en que estos dos serán las caras principales de la franquicia de Massachusetts en los próximos años, y por las noticias que llegan desde Estados Unidos, están trabajando de lo lindo para conseguirlo.

No vamos a descubrir ahora que en ‘El Despacho de Auerbach» somos muy de Smart. El #36 se ha ganado el cariño de los aficionados desde que enfundara la elástica verde, pero creo que hablo en nombre de todos cuando digo que todavía esperamos el gran salto, y tiene que ser este año. El jugador tejano debe explotar para asentarse como figura de un equipo que avanza año a año para volver a la cima, y si pierdes el tren, puede que sea el último. Smart se ha estado machacando este verano para preparar el inicio de la nueva campaña, precisamente junto a Brown en algunos días, y su entrenador solo tuvo palabras buenas hacia él en el Podcast de ‘The Ringer’:

«Una de las cosas que realmente me gustan de Marcus es que cuando está aquí, sabes que está aquí. Sabes que está en la sala, sabes que está en el partido, sabes que está haciendo ejercicios defensivos en el entrenamiento. Tiene una presencia que anima a todos y un gran espíritu competitivo».

«Obviamente, es tan avanzado como cualquier jugador al que haya entrenado a su edad defensivamente. No solo por su fuerza y capacidad atlética, sino también por entender dónde tiene que estar en cada momento. Ofensivamente, creo que sigue progresando. Todo el mundo habla de su tiro, y sé que está trabajando muy duro en ello.»

«Pienso que su gran virtud es que hace jugadas ganadoras que no se ven tan fácilmente, ya sea defendiendo a Millsap ocho minutos o a Porzingis seis. Es un chico que hará todo lo que se le pida para que el equipo gane«.

Otro que parece que va por los mismos derroteros de trabajo, trabajo y más trabajo es Jaylen Brown. La flamante elección número tres del pasado Draft sabe que tiene mucho que demostrar a los muchos que criticaron su incorporación, y no ha perdido el tiempo durante la época estival para ponerse a tono para ganarse un hueco en la rotación de Stevens. Las miradas van a estar puestas en él cada vez que el técnico de los Celtics decida darle una oportunidad en cancha, y sabemos que si eso ocurre es porque algo has hecho bien. El entrenador de Indiana no ha querido endulzar la situación de Brown, y ha reconocido que lo tendrá difícil:

«Está en una buena posición para aprender y crecer porque llega a un equipo con jugadores perimetrales muy asentados que le harán complicados todos los entrenamientos en los dos lados de la cancha. Para él, enfrentarse a Crowder y Bradley, o si lo utilizamos en la posición de 4 con Jae y Jerebko serán emparejamientos muy complicados«.

«También hay que recordar que el chico tiene 19 años. Esperamos trabajar con él y sabemos que tiene mucho que aprender

Brad Stevens tiene muchas ganas de mostrar sus nuevos juguetes, tanto los comprados como los que está moldeando él, y nosotros también estamos ansiosos por verlos. Al Horford será una pieza dorada en el esquema de los Boston Celtics en su búsqueda de las primeras plazas de la Conferencia Este, y sin duda un regalo de campanillas para un técnico que se ha ganado a pulso un equipo con el que demostrar el porqué es uno de los entrenadores más valorados de la NBA. Además también dispone de dos diamantes en bruto que se pueden convertir en las joyas de la corona. Santa Claus llegó a casa de los Stevens en julio, pero como las vacaciones siempre se acaban, ha llegado la hora de trabajar.