Houston Rockets, ¿y si nos vemos en Playoffs?
Análisis sobre un posible Spurs-Rockets en playoffs

La postemporada es la dama a la que todos quieren cortejar en la NBA. Desde el pistoletazo inicial de la temporada los ojos de jugadores, franquicias y aficionados están puestos allí. Algunos haciendo cuentas con el .500 para pasar 8º, otros enfocándose en, por lo menos, estirar la hipotética serie al máximo contra el favorito de la conferencia y unos más reducidos que pasan a medio motor y sin mucho desgaste por la bestial simbiosis de los componentes de su quinteto. Nos hemos querido unir a la dinámica y, desde el sofá de casa, imaginar cómo sería una serie de postemporada entre Houston Rockets y San Antonio Spurs con el actual estado de forma de cada uno.
El año pasado, Houston Rockets era un equipo de la segunda categoría mencionada. Anclado sobre los hombros (y la barba) de James Harden y sufriendo la apatía de Dwight Howard, no campaba mucha ilusión por los lares del conjunto que entonces dirigía el legendario Kevin McHale. En la previa una inmensa mayoría coincidía en afirmar que, si el año anterior fue regular (quedándose afuera en primera ronda de Playoffs ante el reloj suizo que dirige Steve Kerr) este, con Howard fuera (movido a Atlanta) y sin ninguna incorporación de peso para secundar y potenciar a Harden, sería aun peor. Estaban, ciertamente, en un craso error.
El arribo de Mike D’Antoni trajo consigo no solo aquel sistema táctico que prima la ofensiva voraz y arrolladora como un ciclón, ese que rompiera paradigmas de antaño del juego y le hiciera reconocido por la obra de arte que significaron sus Phoenix Suns de mediados de la década pasada, sino que, además, en su desembarco trajo bajo el brazo la fórmula para potenciar a James Harden desde la pizarra: ubicarle como “falso base” y dejar que lleve las riendas y el ritmo ofensivo del equipo, lo cual ha desencadenado en un conjunto que ataca mejor, con más criterio y que va consagrando a su estrella como líder asistente en la temporada (promedia 11.7 asistencias por partido); además, apoyarle con una ofensiva perimetral brutal. Allí ha estado la clave, desde la línea de tres.
La aparición de un pletórico Eric Gordon con nivel de All-Star, que se ubica 2º en número triples anotados en la temporada (solo superado por un tal Curry) firmando su career-high (166) en esta categoría apenas a mitad del año competitivo (su tope lo firmó en la 14-15 con 141) y un Ryan Anderson que rubrica 128 en este apartado (siendo su career-high 131) apenas, repito, a mitad de camino de la temporada han marcado la diferencia. Entre este detalle y la faena de triples-dobles que viene desparramando un Harden que ante Miami firmó su 13º de la temporada, sellando de estos 4 de +40pts (el récord lo tiene Óscar Robertson con 5 de +40 en la 63-64), en un año con la carrera por el MVP más aguerrida que recuerde, han convertido a Houston Rockets en el 2º equipo ofensivo de la liga, solo por debajo de las bestias de la bahía de San Francisco.
Por los alrededores de San Antonio, la temporada inició con la nostalgia por el abrupto retiro de Tim Duncan (el mejor jugador de su historia) y las expectativas para con un recién llegado Pau Gasol que, de inicio, tenía unos zapatos muy grandes que debía intentar llenar o, al menos, calzar. Una franquicia que, desde la era Duncan, iniciada en aquel Draft del 97’, siempre ha sido fuerte contender en la carrera por el anillo partió con una base sólida fundamentada sobre los pilares del último título de liga (2014): Leonard, Parker, Ginóbili, este último aportando desde su rol de comandante de la segunda línea del equipo, y la continuidad en la idea y mecánica de trabajo del mejor entrenador de la competición.

Sin embargo, y muy a pesar de permanecer segundos en la sangrienta conferencia oeste, el equipo no transmite las sensaciones de otrora y se percibe tanto con dificultad para cerrar los partidos como con una sustancial disminución de su ritmo ofensivo (fundamento base de la filosofía de Gregg Popovich). Los números de los Spurs, con un 36-10 a estas alturas, no habrían de preocupar a priori, más bien deberían ser un parte de tranquilidad. Pero en San Antonio la cultura y la costumbre conducen a pensar desde el inicio en, como mínimo, las finales de conferencia, y acorde a esto las sensaciones y el funcionamiento del equipo en minutos finales y partidos clave son un punto neurálgico.
Kawhi Leonard lleva una temporada fantástica (24pts, 5reb y 3asi de promedio) y junto a la solvencia y experiencia de Tony Parker (sigue promediando, a pesar de la edad, 4,7 asistencias y un 48% en tiros de campo con una media de 25min/partido), la fiabilidad de LaMarcus Aldridge (cerca de los números de toda su carrera en puntos-rebotes y evolucionando con un notable 51% en porcentaje de tiros de 3pts) y un rendimiento notable de la banca, sumado a demás componentes de altísimo nivel competitivo (jugadores con experiencia en finales, por ejemplo), componen una estructura temible y un contender de peso en la postemporada.
En un posible choque entre Houston Rockets y San Antonio Spurs las claves estarían, sin duda, en dos puntos:
- Defensa: Los números de Houston Rockets en ofensiva asustan, pero su desequilibrio funcional es evidente. Siendo co-líder en puntos por partido en toda la liga, es el 7º peor equipo a nivel defensivo en la competición. Esto ante el 2º mejor quinteto defensivo y que rinde notablemente en ataque (8º en la liga) es un punto de quiebre. San Antonio no está en su mejor versión, pero no deja de ser un equipo balanceado, ultra-competitivo y muy expeditivo en partidos contra los grandes nombres (ya ha ganado a Cleveland, con quienes está 1-1, y arrancó el año con un golpe de autoridad sobre la mesa contra Golden State) firmando estos números sin estar en su mejor versión. El margen de mejora de los de Popovich es mayor al de los de D’Antoni, que parecen haber alcanzado el tope sin corregir sus falencias.
- Clutch: San Antonio ha flaqueado en el cierre de partidos apretados. En este apartado, cuando ha tenido que tomar decisiones bajo presión, Harden ha transmitido fiabilidad (a sabiendas de que es el portador de los balones calientes en Houston Rockets), como aquella asistencia a Nené en el último partido contra Oklahoma que acabó decidiendo el cotejo. En la retentiva están los partidos en Atlanta y Milwaukee para los Spurs, quienes no se perciben tan efectivos para calmar las aguas cuando hay marea alta y cuesta arriba. Sin embargo, ambos han tenido altos y bajos en el rubro este año. Y es baloncesto, por ende, nunca nada es seguro.
Más que entretenido, sería el cara a cara de dos de los mejores equipos del oeste (2º y 3º respectivamente) en una serie que previsiblemente y por evidentes condiciones sería muy difícil que acabara antes del 7º partido. En la memoria están los feroces duelos en la pintura entre Tim Duncan y Yao Ming, y las sendas exhibiciones individuales de Tracy McGrady y Tony Parker. Las condiciones están dadas, y tendremos un abrebocas de lo que podría ser la titánica serie de playoffs el 6 de marzo (están 2-1 este curso y, curiosamente, ambos han ganado en casa del otro) en el AT&T Center.