Uno de los nuestros

Avery Bradley sigue siendo un líder para los Celtics

FOTO: MARK RUNYON (CC)
FOTO: MARK RUNYON (CC)

Los aficionados de los Celtics tienen más que interiorizada una regla básica para seguir el equipo desde la llegada de Danny Ainge a las oficinas: No cojas cariño a ningún jugador de la plantilla. La gestión deportiva del General Manager se caracteriza por una (a priori) completa volatilidad. Hace unos años, en el ocaso del Big-Three, todo el mundo, incluso Paul Pierce y Kevin Garnett como ya pudimos ver, era traspasable para acelerar una reconstrucción que llevara a los de Massachusetts a colgar otra bandera en el ya abarrotado techo del TD Garden. En este periodo de idas y vueltas, encontramos solamente un factor recurrente; alguien que ha vivido tanto las alegrías de luchar por un anillo, como la tremenda desilusión de ver a tu equipo hundido en el pozo de la NBA, y ese es Avery Bradley.

En esta temporada 2015-2016, el escolta de los Celtics está registrando los mejores números de su carrera en ataque, liderando como en la última victoria ante los Denver Nuggets la tabla de anotadores del equipo. 15 puntos por partido y un acierto de 44% en tiros de campo y 36% en triples son de momento los guarismos para el jugador de la Universidad de Texas, que pese a que se le presuponía una muñeca decente, no llegó con esa vitola a la NBA. DEFENSA era la primera palabra que venía a la cabeza de los que le habían visto jugar, y desde su aterrizaje en la liga, no nos ha borrado este término de la cabeza.

Avery Bradley fue drafteado en 2010 por los Celtics en la posición número 19. Boston seleccionaba al escolta con un escozor imborrable tras la derrota en el Staples Center en el Game 7 que daba el anillo a los eternos rivales, Los Angeles Lakers. Bradley llegó a un vestuario lleno de perros grandes, y no lo digo solo por el fichaje de Shaquille O’Neal ese mismo verano. Rajon Rondo, Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett (nada más que añadir) eran claramente las figuras de la franquicia, en la que además de un muy mermado Shaq podíamos encontrar a Nate Robinson, Jermaine O’Neal, un Kendrick Perkins traspasado más tarde a los Thunder por Jeff Green o cómo olvidarnos del gran Marquis Daniels (ojalá pudiéramos hacerlo). Con semejante plantel, Doc Rivers solo contó con Bradley en 31 partidos, en los que solo apareció en las muchas ocasiones en la que los Celtics ventilaban el partido en el tercer cuarto. Sus periplos por la D-League fueron lo único que pudo sacar en claro aquella temporada de rookie.

Su segundo año fue otro cantar, y tras un pequeño paso por Jerusalén durante el Lockout, finalmente Bradley consiguió hacerse con un puesto importante en la rotación de Boston, aunque lo tenía fácil ante la lesión de Allen y la presencia de Marquis Daniels, Keyon Dooling o E’twaun Moore. Los Celtics alcanzaron las Finales de Conferencia ante los Miami Heat de LeBron, Wade y Bosh, pero en estos Playoffs, en los que acabaron ganando los de Florida en el séptimo partido, tuvo lugar uno de los peores momentos de la carrera de Avery. Una lesión de hombro le sacó de la cancha, y puso más fácil a los Heat su clasificación. Nuestro «amado» Wade respiró tranquilo y el pitbull verde ya no le persiguió hasta en sus pesadillas. Lesiones aparte, Bradley había llegado para quedarse, y en la última temporada de Pierce y Garnett, se le presumía como uno de los futuros líderes, y no nos equivocamos.

Ya en la nueva era Brad Stevens, Bradley se ha convertido en un imprescindible por méritos propios. Nombrado capitán tras la marcha de Rondo a los Mavericks, el número 0 es una de las voces cantantes en el vestuario, aunque ese puesto está francamente en peligro tras la llegada de un Marcus Smart que representa todo lo que un Celtic debe ser. Su mejora en ataque es más que evidente, aumentando su producción en 5 puntos más por partido y mejorando su anotación en diversos puntos sobre la cancha. Bradley es ahora un tirador de tres fiable, aunque obviamente no es Klay Thompson. Además, en estas últimas fechas está llegando al aro con más claridad, que era algo que siempre se le había pedido para seguir mejorando.

Esta evolución conlleva consecuencias algo negativas también para los Celtics, y es que como cada jugador que destaca, Avery quiere más. El escolta renovó con Boston en 2014 por una cifra de 32 millones de dólares, que ahora queda algo corta comparada con otros casos. Recientemente se ha especulado con el descontento de Bradley respecto a su situación contractual, sobretodo ahora que ha cambiado de mánager y es representado por Rob Pelinka, agente entre otros de Kobe Bryant. Hasta 2017, el jugador nacido en Tacoma no podrá renegociar los aspectos económicos de su contrato; algo que seguro hará, pero el runrún ya corre por Beantown.

Por el momento, el compromiso de Avery Bradley con los Celtics es incuestionable, y el escolta sabe que cuenta con el apoyo de los técnicos, los aficionados y parece que el de Danny Ainge; aunque la última vez que éste dijo que alguien no saldría traspasado, Rondo se encontró sentado en primera clase rumbo a Dallas. Bradley se ha convertido en un clásico contemporáneo para la franquicia de Boston; no solo por que en el 99.9% de las ocasiones mete la primera canasta del equipo con un tiro en suspensión tras un bloqueo. Avery ya es uno de los nuestros, y al contrario de lo que pasaría en cualquier película de la perfecta filmografía de Martin Scorsese, esperemos que lo siga siendo mucho tiempo.