
Como diría el Kanka: “Qué bello es vivir. A mí me gusta cada cosa que la vida nos ofrece, el placer me reconforta, el dolor me fortalece.” No se trata de ponerse filosófico tras la resaca de las fiestas navideñas, que va, pero resume perfectamente el momento de los Utah Jazz, que siguen en su particular camino hacia la élite.
No voy a tratar de explicar lo bueno que es el equipo, lo bonita que es la ciudad, ni siquiera lo majos que somos en la redacción blue. Voy a intentar explicar (destaco lo de intentar) una realidad. Y es que algo ha cambiado en Salt Lake City. El equipo marcha con un 22-15 cerca de la llegada del All-Star, oscilando entre la cuarta, quinta y sexta posición, ganando la mayoría de los partidos y perdiendo “solamente” contra los grandes, véase Raptors, Celtics o bien nuestros queridos Warriors, y todo esto sin poder contar en ningún momento con todos los jugadores sanos.
El cambio en un año
Para poder entender este artículo de opinión, recomiendo la lectura del artículo de mi incansable compañero Cristian, quien analizaba perfectamente con datos la situación del equipo el año pasado y este, y su cambio sobre las frías y siempre leales estadísticas.
http://sb.bahaisongs.org/2016/12/31/analisis/como-estaban-utah-jazz-fin-2015/
Si analizamos la situación de la temporada pasada, Utah Jazz contaba con una plantilla descompensada para el juego que intentaba componer en su equipo Quin Snyder, faltando un playmaker que dirigiera el juego, castigados (cómo no) por las lesiones, destacando la labor en el juego de Gordon Hayward y Rudy Gobert, y la ineficiencia de unos jóvenes que intentaban buscar su identidad.
Tras tratar de imponer una identidad durante toda la temporada pasada y no sobrevivir en el salvaje Oeste, el equipo acabó con un récord negativo de 40-42, perdiendo la posible octava plaza en los últimos partidos y acabando la temporada con un partido vergonzoso ante los Lakers y los 60 puntos de Kobe (la NBA tiene que vender).
Objetivo del año pasado fallido. A las puertas de la temporada, lo peor con diferencia fue la supuesta falta de actitud más que falta de talento o experiencia, que también afectaron al equipo. Mal sabor de boca para los aficionados.
Pero algo ha cambiado. Desde el comienzo de la temporada (y la maravillosa adquisición de George Hill) se ha impuesto el estilo que se buscaba: trabajo, defensa, más trabajo, más defensa, mucho más trabajo y mucha más defensa. Ya comentaba nuestro redactor jefe Xabi Marco que en el verano se habían producido cambios en la plantilla, y no precisamente para mal. Snyder estaba imponiendo de forma efectiva su estilo defensivo, que los jóvenes por fin estaban asumiendo, además de las llegadas claves de jugadores que aportan de forma inmediata, y no sólo me refiero a puntos o rebotes, sino a personalidad y química.
¿Vuelta a la élite?
No quiero centrarme tanto en el récord actual ni en victorias/derrotas como en el juego del equipo, y lo más importante: la posible vuelta a la élite de los Utah Jazz.
¿Qué entendemos por élite? La realidad es que este equipo está muy lejos de aspirar al trofeo Larry O´Brien, ya no por los ‘cocos’ de los Warriors o los Cavaliers, sino en la propia conferencia con los San Antonio Spurs y su maravilloso juego, los siempre aspirantes Clippers, o bien Harden y Westbrook liderando sus equipos. Pero… un momento, ¿entonces qué podemos esperar de Utah Jazz? Muy sencillo: podemos esperar UN EQUIPO.
Esta temporada se ve a un equipo con una química genial entre un núcleo de jugadores jóvenes que crecen juntos partido a partido, a un equipo que ha adquirido a veteranos que ayudan a ese núcleo joven a avanzar desde el banquillo (Diaw, JJ, Ingles y el propio George Hill), a un equipo con varios jugadores franquicia que dan la cara cuando las cosas van mal (Gobert, Hayward e incluso Hood), a un equipo con una identidad y un rumbo claro a seguir, con una aspiración a priori fácil: alcanzar los PlayOffs y superar la primera ronda.
¿Apuestas personales? En la redacción blue tenemos 3 motivos de discusión habitual: cuál es el mejor quinteto titular del equipo (lo veremos más adelante en el artículo), si es mejor la cerveza doble malta o la cerveza de trigo (que me pongan una Voll-Damm y se quite el resto), y cuál es el objetivo del equipo este curso.
Como apuesta personal, es demasiado pronto para opinar sobre la posición final y sobre el rumbo del equipo, pero creo que no sería nada descabellado decir que alcanzar PlayOffs y llegar a segunda ronda sería lo apropiado para este equipo, siendo semifinales de conferencia una utopía. San Antonio, Clippers, Golden State estarán casi seguro… ¿El resto? Ya veremos.
¿Lesiones?
Un equipo el cual ha tenido a todos los jugadores lesionados menos a Rudy Gobert (nuestro ‘bichito’ particular) en lo que llevamos de temporada, y que aparentemente este problema no afecta demasiado al rendimiento del equipo significa que existen dos opciones: o tienes una plantilla más que compensada con 12 superestrellas, o bien tienes mucha suerte en los partidos de temporada regular.
Ahora fuera tonterías: el asunto es un cachondeo. Desde la redacción y todos los aficionados ‘blues’ estamos hartos ya de recibir continuas noticias de lesiones de componentes de nuestro equipo, y si no que se lo digan a Derrick Favors o a George Hill. Como comentábamos en el podcast, ya no sabemos si aferrarnos a un nuevo equipo médico para el equipo, mayores rotaciones por parte de Snyder, más fisioterapeutas, a una mejor alimentación o incluso a la Virgen del Pilar.
Actualmente parece que las lesiones van remitiendo, y sólo tenemos a Hill con molestias, a Burks de vuelta inmediata y a Favors tratando con su rodilla. Casi nada. El tema ya cansa y pasamos directamente de ello, y lo que es peor, parece que nunca se acaba.
La importancia de la amplitud de la plantilla
Pero… un momento. Si tan castigados estamos por las lesiones, ¿cómo llevamos este récord positivo y vamos tan bien en el primer tercio de la temporada? Tal vez la amplitud de la plantilla, haber conseguido que todos aporten (sí, aunque sólo sea en algunos partidos, también incluyo a Exum), que todos los jugadores sepan cuál es su rol y que todos se adapten a un sistema defensivo tenga algo que ver.
Como bien recalcaba mi buen compañero Cristian al final de su artículo, se presupone que el quinteto titular es George Hill, Rodney Hood, Gordon Hayward, Derrick Favors y Rudy Gobert, y este quinteto sólo se ha visto en 2 partidos en lo que llevamos de temporada.
Comparto la opinión de que el objetivo del equipo es superar la primera ronda de PlayOffs, donde existen equipos potencialmente mejores sobre el papel, pero si esta es nuestra formación titular que va a luchar por entrar en PlayOffs y avanzar en postemporada, no me gusta absolutamente nada, por dos motivos especialmente:
1.- Derrick Favors limita a Rudy Gobert. En cualquier equipo, independientemente del estilo de tirar de 3 y flopear que se está instaurando en la liga, la pareja interior necesita compenetrarse a la perfección. Pues bien, sin Favors, Gobert se multiplica. Ya en la temporada del segundo anillo de los Bad Boys, Mark Aguirre se hizo a un lado para dejarle la titularidad al extravagante Rodman, cosa que funcionó y se hicieron con el anillo. Con Gobert es algo parecido: sin Favors tiene mucho más espacio para él solito. ¿Solución? Ancla defensiva, bestia reboteadora e intimidadora, y animal taponador. Junto a Marc Gasol el mejor pívot defensivo de la liga. Se comentaba la posibilidad de traer a Millsap de Atlanta para acompañar a Gobert, es decir, un 4 abierto, pasador, que tira de 3 y abre la zona. Recemos.
2.- Un quinteto titular debe estar rodado, y además de toda la aportación del banquillo, haber pasado muchos minutos en pista. Entre las molestias de Hill, la rodilla de Favors y demás, sólo Hayward, Hood y Gobert juegan la mayoría de los partidos. Cuando Boris Diaw aporta más desde el banquillo que Favors, Mack tiene un mes espectacular y hace olvidar a Hill, además de triples ganadores de Hood y un banquillo anotador con Ingles y Joe Johnson, te das cuenta que puedes hacer rotaciones. Sabiendo de antemano las lesiones y sabiendo que casi todos aportan, si la plantilla entera está sana se puede ser una apisonadora y jugar al máximo con minutos restringidos y justos para todos, no jugar por decreto 5 jugadores al contado.
Se puede ganar a cualquiera
En conclusión, como he mencionado anteriormente y tras analizar todo el contexto, quien vea un partido esta temporada de los Utah Jazz podrá comprobar que el equipo mormón es precisamente eso: un equipo. No tiene absolutamente nada que ver con el año pasado.
Se han suplido todas las carencias de la temporada 2015-16 o casi todas, porque el ataque del equipo sigue siendo una incógnita que depende de Hayward, Hill, Hood y Gobert, y se ha dotado de una identidad, lo que ha permitido que el equipo vuelva a los primeros puestos de la conferencia.
Al contrario que el curso pasado, los actuales Jazz pueden ganar con solvencia a cualquier equipo de la NBA, a través de un proyecto que está cumpliendo con creces este curso. ¿Hacia dónde se dirige el equipo? Con un núcleo joven, con un estilo impuesto, con jugadores más que válidos, no esperamos ganar el anillo a corto plazo, de eso ya se encargan Golden State o Cleveland, pero sí que esperamos seguir esta línea ascendente hasta esperar el momento oportuno.
Tenemos tiempo, jugadores, talento, un proyecto que está dando sus frutos y victorias (por haber hay incluso lesiones). Hagan baloncesto señores.