Reflexiones tras el Boston Celtics – Los Ángeles Lakers

Ambos equipos se vieron una vez más las caras

Fuente: Wikipedia (CC)
Fuente: Wikipedia (CC)

Tú tan de Coldplay, yo tan de Extremoduro

Tuve una vez una novia que era casi tan fan de los británicos liderados por el ex de Gwyneth Paltrow como de Los Ángeles Lakers. Va, no, no voy a empezar el artículo mintiendo, prefiero ser sincero: no estoy hablando de ninguna novia, estoy hablando de Adri, el Redactor Jefe de los Lakers en esta nuestra casa, SomosBasket. El caso es que de tanto discutir con él sobre casi cualquier tema importante de esta vida, el binomio Lakers-Coldplay se ha fijado en mi cabeza. Y no se crean que es este un símil descabellado, en el fondo, franquicia y banda, se asemejan en forma y fondo a un consolador: sobre el papel prometen mucho, son ciertamente eficientes en la ejecución, pero resultan fríos en el sentimiento.

Ahora, y solo si no lo eres, intenta imaginarte a cualquier conocido tuyo que sea fan de los de Brad Stevens escuchando un disco de ellos. No, simplemente es algo imposible, y si lo hace seguro que es uno de esos que junto a la camiseta de Kevin Garnett tiene otra con el #6 de LeBron en Miami. Pura pose. Los auténticos aficionados a los Boston Cetics suelen ser más directos, realistas, duros como una patada en los cojones un martes al medio día.  Nuestro estilo es mejor definido por un grupo como Extremoduro; llámenme loco si quieren, pero yo cuando me aburro lo asumo y hago «un tambor de mis escroto, no digo que es maravilloso estar solo y sentirse en el «para, para, paraíso».

Partiendo de esta base, entenderán mucho mejor todas las reflexiones sobre lo vivido ayer en el Staples Center de Los Ángeles.

Un aplauso a la afición de los Lakers

Pongamos que eres un ciudadano angelino más y tienes tickets para ver el partido de ayer. Tu equipo, a la postre el segundo peor de la liga, con solo 16 victorias en lo que va de temporada, sin un solo entrenador decente en los últimos tres años, con problemas internos que afectan al jugador llamado a ser la referencia del futuro, y una estrella que no está sabiendo irse, se enfrenta a su más antigua nemesis: los Boston Celtics de Massachusetts. Esos malditos pijos de la Costa Este se encuentran en tus antípodas, el equipo es lo primero, van a hacer playoffs por segunda temporada consecutiva, y sus estrellas al irse dejaron suficientes picks de primera y segunda ronda como para enterrar a ese base de 1.75 metros que es lo más parecido a un jugador franquicia que han tenido en los mismos últimos tres años.

Entonces, tú, con tu desastre de equipo a punto de enfrentarse aun modélico rival, ¿qué cantas? «Boston sucks». Muy bien. Perfecto. Todo mi respeto, con cero sarcasmo. Mi equipo es una banda, pero me da asco hasta el color de tu camiseta. Así se tiene que comenzar un partido como el de ayer.

Es imposible matar moscas a cañonazos

Hay que reconocer que muchas veces el equipo de Brad Stevens es desesperante. Los bandazos emocionales a los que te somete este equipo solo los puede entender en psicólogo de JR Smith: en lo que va de campeonato los Celtics han batido a Golden State Warriors en su casa (único equipo en hacerlo), a Cleveland Cavaliers, Toronto Raptors, Oklahoma City Thunder, y Los Ángeles Clippers. Como tocar el cielo con las manos para justo después partirte la crisma contra el suelo cuando ves a ese mismo grupo de jugadores perder dos veces contra los Brooklyn Nets, otra con los propios Lakers, y una de propina frente a los Minnesota Timberwolves.

¿Son bipolares los Boston Celtics? No, lo que son es un equipo con poco talento y mucho carácter. Así, los partidos que suponen un reto y un desafío, se acaban peleando, cuando no ganando, siempre. Mientras que los de menor calibre son un dejarse ir a la espera de que aparezca el jugador franquicia y gane eso a base de talento. Por desgracia, ese jugador puede que esté llevando la camiseta de otro equipo hasta finales de Julio.

Ayer casi vuelve a pasar lo habitual contra rivales de poca entidad: se logra una ventaja cómoda por simple rutina de hacer lo que sabes hacer (17 puntos en este caso) que se acaba tirando por la borda cuando el equipo entero desconecta del partido. Por suerte, la reacción de Marcus Smart, Terry Rozier, y Jae Crowder se hizo esperar menos de lo que es costumbre y con tiempo para llevarse el partido a casa.

De cien veces que pueda elegir, cien elijo a Marcus Smart por delante de Julius Randle

Es verano de 2014 y los Boston Celtics eligen justo antes que Los Ángeles Lakers en la noche del «NBA Draft». Las elecciones parecen cantadas, Danny Ainge, con Rajon Rondo como único superviviente de los últimos Orgullosos Verdes campeones ocupando el puesto de base, elegirá a Julius Randle, un interior sin mucha cabeza y mucha presencia física (justo lo opuesto al frontcourt de esos momentos); los de amarillo, por su parte, es de suponer que elegirán a Marcus Smart, un base de corte defensivo y muy físico que debe encajar a la perfección con su escolta y estrella, Kobe Bryant. El resto es historia.

El de ayer fue el segundo enfrentamiento entre ambos después de que una lesión del ala-pivot le dejase fuera de los dos primeros. Si solo miramos los números, 20 puntos y 10 rebotes para el local y 7 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes para el visitante, habría quien cuestionase la elección de Danny Ainge. Si ves el partido y ves que esos puntos, asistencias y rebotes de Marcus Smart llegaron justo cuando el equipo necesitó de puntos, asistencias (una para el triple de Crowder, bandeja y triple en el crunch time cuando los Celtics estaban con las luces apagadas), y rebotes (cargó el ofensivo cuando nadie vestido de verde salvo Rozier y él parecía habilitado para coger una bola en una piscina de ellas), te das cuenta de qué es lo que vio Danny Ainge para escogerlo por delante de un Randle que es muy bueno, pero que muestra cierta tendencia a dejarse la cabeza en el vestuario.

Sí, va a ser muy bueno. Y sí, tiene mucho carácter. Pero no lo cambio por Marcus Smart ningún día del año.

Brad Stevens se refuerza para la post-temporada

Las dos decisiones del frontoffice de Massachusetts más dura y largamente criticas durante esta temporada por los aficionados de los Boston Celtics han sido: 1. La elección de Terry Rozier con el pick #16 del pasdo draft 2. La firma de Amir Johnson con un elevadísimo contrato de 12 millones anuales. El rendimiento de ambos, inexistente en el caso del primero y pobre en el del segundo, parecía dar la razón a los críticos.

Pero en esto que llego la lesión de Jae Crowder y Brad Stevens decidió repescar de la D-League al joven base de Louisville para cubrir las manos que dejaba vacantes Evan Turner en la segunda unidad, y alimentar de balones al gigante ex de Raptors para que aportase los rebotes y puntos que no podía dar el lesionado alero. Huelga decir que ambos experimentos resultaron fructíferos para un Stevens que va a necesitar de ambos durante una post-temporada que se antoja larga.

Kobe Bryant no es de este mundo

Tanto para lo bueno como para lo malo, Kobe Bryant es único. Solo él, tras tener todas las lesiones posibles del mundo y recuperarse de ellas a una edad en la que la mayoría de jugadores está pensando en qué cadena de club de striptease invertir su fortuna, es capaz de enfrentarse a los Boston Celtics por una última vez y anotar, nadie sabe muy bien cómo, 34 puntos y ser el mejor de su equipo. Admirable, pero no.

Veintiocho tiros de campo son demasiados. Son muchos cuando tienes 20 años, puede que no sean tantos cuando tienes 29 años, quieres ganar un anillo tú solo y eres capaz de meter la mitad de ellos, pero desde luego son demasiados cuando tienes 37 años y se supone que tienes que dejar espacio y servir de ejemplo para los más jóvenes del equipo. No es normal tirar más tiros que Marcus Smart, Amir Johnson, Terry Rozier y Kelly Olynyk combinados para lograr menos puntos y peores porcentajes que ellos. Lo siento mucho, pero no es normal ni serio. ¿Qué mensaje estás dando a tus compañeros de equipo? Que lo hagas contra los Utah Jazz, con el partido ya decidido en la peor derrota de tu vida ( y de la que saliste sonriendo y saludando al público), mal; pero que lo hagas en situación de ganar el encuentro y con compañeros en mejor situación de tiro que tú… no parece demasiado profesional. No creo que Stevens se lo hubiese permitido ni que hubiese salido de ellos hacerlo, pero si estos valores son los que iban a haber aportado Paul Pierce o Kevin Garnett al equipo, bien están fuera de a franquicia.

En definitiva, lo que vimos anoche fue el equipo frente al jugador, la letra frente a la música, el carácter frente a la pose, Extremoduro frente a Coldplay. Boston Celtics frente a Los Ángeles Lakers.