Barnes vs Parsons: un cambio saludable

El ex-warrior muestra mejores sensaciones

Harrison Barnes: ¿el nuevo líder de los Mavericks?/ Nil Alemany (SB)

Los Dallas Mavericks afrontaban uno de los veranos más locos que se recuerdan en la NBA con tantas esperanzas puestas como peligros. Por un lado, las arcas de los texanos estaban llenas y no dudaron en lanzarse a por los peces gordos del océanos; pero, por el otro, otros pesos pesados salían del roster y ponían en riesgo el talento atractivo de la franquicia. Uno de los puntos calientes fue el puesto de alero, Chandler Parsons se convertía en agente libre después de dos temporadas con tantas luces como sombras. El de Florida no se contentó con ser el segundo plato de Mark Cuban y mientras los Mavs intentaban atraer a Mike Conley y a Hassan Whiteside, Chandler Parsons hizo las maletas para los Memphis Grizzlies de Marc Gasol.

Compuestos y sin novia, la directiva de los Dallas Mavericks recibió con gran agrado la decisión de Kevin Durant y la oportunidad de hacerse con los servicios de Harrison Barnes por la nada despreciable cifra de 94 millones repartidos en 4 temporadas —misma cantidad por la que Parsons firmó por los osos—.

Obviamente, ahora mismo es ventajista comparar a ambos jugadores: Harrison Barnes acumula muchos balones en sus manos en un equipo de la zona baja mientras Chandler Parsons vive en su particular ruleta de lesión siendo uno de los peores aleros de la liga a nivel rendimiento/precio (porque no le ha dado tiempo a demostrarlo). Por esto el objetivo de este análisis no es comparar el presente de ambos; sino poner en comparación el juego de Harrison Barnes respecto al del Chandler Parsons que vistió la camiseta de los Mavs desde el 2014 hasta este casi terminado 2016.

Cada uno sacará sus propias conclusiones (y será todo un placer recibirlas en los comentarios de este post); pero si algo podemos adelantar es que, al final, las diferencias entre uno y otro no son tan insalvables como se puede pensar a simple vista.

Rendimiento temporada/con-sin Dirk Nowitzki

Comencemos con los fríos pero siempre útiles números. La verdad es que comparar temporada por temporada a ambos jugadores es imposible por un único factor: Dirk Nowitzki. Con Parsons como maverick, el alemán solo se perdió 12 partidos —por los 51 del de Florida— mientras que en los 29 partidos de esta campaña, ya lleva perdidos 25. Por lo tanto, las muestras que hemos podido sacar son relativamente pequeñas aunque nada despreciables.

Compararemos la actual temporada de Harrison Barnes con los números que ha tenido Chandler Parsons cuando estuvo sin Dirk Nowitzki. Parsons, que se perdió 4 de esos 12 donde no participó el «41», ha tenido un rendimiento muy desigual como primera espada. En la temporada 2014/2015, el alero incluso empeoró los números respecto a los habituales —promedió 12.5 puntos, 4.5 rebotes y 3.1 asistencias—; pero mejoró considerablemente el pasado año —22.5 puntos, 6.2 rebotes y 2.5 asistencias. Tomando como referencia la 2015/16, Parsons tiene unos números ligeramente mejores que Harrison Barnes —20.4 puntos, 5.5 rebotes y 1.3 asistencias—. Y haciendo la media de los dos años del de Florida, la diferencia pasa a ser muy equilibrada pues Barnes aporta más puntos pero menos asistencias, dando un rendimiento similar al montante total de puntos de los Dallas Mavericks.

Paradójicamente, las estadísticas dan un vuelco cuando comparamos las temporadas de Chandler Parsons con los, pocos, partidos en los que Barnes compartió cancha con Dirk Nowitzki. En este caso, los números del ex-warrior son mejores —16.8 puntos, 6 rebotes y 0.6 asistencias— pero de nuevo con una ligera ventaja y añadiendo que, a nivel colectivo, aportan más o menos lo mismo gracias a las asistencias del «25» —14.8 puntos, 4.8 rebotes y 2.6 asistencias.

Salud

Aquí está el que terminó siendo el factor diferencial. Chandler Parsons jugó 127 partidos con los Mavericks de los 162 que hubo en las dos temporadas regulares en las que participó. De esto, también hay que salir de las cifras y ser conscientes de la cantidad de encuentros en los que estaba con restricción de minutos, con una incidencia en el juego de los suyos casi testimonial. Además, el alero no estuvo presente en ninguna de las dos ediciones de PlayOffs en las que se metieron los Mavs, con lesiones a final de campaña que le duraban hasta el inicio de la siguiente. Estos problemas físicos están viviendo su máximo ejemplo con los Grizzlies, donde solo ha jugado 7 partidos. ¿Esto era previsible? Lo cierto es que cuando los Dallas Mavericks le firmaron llevaba dos temporadas seguidas jugando más de 70 partidos y, por lo tanto, se puede achacar más a la mala suerte que a otra cosa.

Ante esto, nos vemos en una posición similar en el caso de Harrison Barnes —toquemos madera con estas líneas—. El joven alero nunca ha tenido problemas físicos graves y, de momento, está siendo una constante en los Mavs. Si con el paso de las semanas su físico se mantiene sin problemas, no hay duda que HB sería mucho más rentable que Parsons pero… ¿y si sufre su misma mala suerte?

Los Dallas Mavericks no debían firmar a Parsons este verano por su experiencia previa, pero la «ventaja» de firmar a Barnes sigue en el aire a la espera de que en el futuro se mantenga tan sano como hasta ahora.

Potencial

El mayor castigo que, involuntariamente, hizo el entorno de Texas a Chandler Parsons. Cuando el alero llegó a Dallas, se esperaba de él que fuera la siguiente estrella tras Dirk Nowitzki; un jugador que marcase las diferencias… ¿ese era su potencial? La realidad es que Parsons sufrió en sus carnes la necesidad de unos fans ansiosos por tener a un nuevo jugador franquicia cuando, y no es poco, estaba destinado a ser un segunda/tercera espada dando soluciones ofensivas y defensivas. Y la verdad es que ese fue el nivel que dio: ¿cuánta «decepción» puede ser considerado?

El caso de Harrison Barnes es completamente opuesto. Llegaba entre aluviones de críticas y sospechas. Juventud, atletismo y talento tenía; pero se dudaba de su verdadero potencial, considerando que era una cuarta espada beneficiado por el «hype» y el sistema de juego del equipo de moda, los Warriors. En esta primera parte de la temporada, el estadounidense ha demostrado ser todo lo contrario, doctorándose en crearse sus propios tiros desde media distancia. Barnes tiene cualidades para poder ser una estrella (de perfil bajo tal vez, pero una estrella) de la NBA y de los Dallas Mavericks.

¿Qué conclusiones podemos sacar de esto? La realidad es que la aportación de ambos al juego de los Dallas Mavericks está siendo (sabiendo que la de Barnes puede empeorar o mejorar) muy semejante y la única verdadera razón por la cual un servidor se decanta por Harrison Barnes es su mayor juventud y su mayor salud.